
A Priori, el concepto Soberanía supone el derecho de un pueblo a decidir sobre su territorio, sus recursos y su destino sin injerencias externas. Ya casi todos sabemos – o nos vamos acostumbrando a su recordación- que en la Argentina, el 20 de noviembre se conmemora el Día de la Soberanía Nacional, en recuerdo de la Batalla de la Vuelta de Obligado, en 1845, cuando fuerzas criollas enfrentaron a las potencias europeas que pretendían navegar los ríos interiores sin permiso.
Se reafirma el valor de la autodeterminación y la defensa de los intereses nacionales frente a cualquier intento de subordinación.
La soberanía es un concepto que necesita rediscutirse, porque no es idéntico al concepto que se tenía de tal valor a mediados del Siglo XIX. Se la supone como el principio que sostiene la autonomía de un país para definir su rumbo, administrar sus recursos, proteger su territorio y ejercer justicia sin subordinación externa. Hay quienes consideran que incluye el derecho de un pueblo a gobernarse a sí mismo y librepensadores que disocian también las cuestiones de cómo se gobierna una nación con la responsabilidad de ejercer ese derecho con dignidad, memoria y hasta coraje.
Hoy, la soberanía se juega en otros frentes: en la gestión de los recursos naturales, en la política energética, en la defensa del ambiente, en la regulación de las plataformas digitales, en la protección de los bienes culturales, en la capacidad de decidir sin condicionamientos financieros ni presiones externas. También se juega en el transporte, en la producción, en la ciencia, en la salud pública.







