• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 13 de julio de 2026

La indignación nos inundó. No hay folklore que justifique tal lacerante actitud. No hay pasión que excuse una falta de formación que termina evidenciando falta de humanidad. Lo que quedó expuesto instantes antes de comenzar el partido entre Argentina y Suiza es la peor cara de un grupo que se cree dueño de la fiesta y que, en realidad, cada vez demuestra mayor ignorancia y desprecio.


El episodio en Kansas City fue vergonzoso. Mientras el mundo del fútbol guardaba silencio por la muerte de Jayden Adams, un joven sudafricano de apenas 25 años, un grupo de hinchas argentinos decidió seguir con sus cánticos y bombos. No pudieron detenerse ni un minuto. Ni siquiera frente a la pantalla gigante que mostraba el homenaje.

En general, se trata de gente con dinero, que viajó al Mundial, que presume de pasión y folklore, pero que en el momento de mostrar respeto eligió la falta de educación. La hipocresía es evidente: muchos de ellos se indignan cuando alguien les falta el respeto en su vida cotidiana, pero no dudan en arruinar un homenaje fúnebre en un estadio internacional.

Hubo dos contrastes brutales. Uno, in situ, con los jugadores de la Argentina y Suiza formados en el círculo central, el silencio pedido por la organización y, detrás de un arco, la perversidad de los que le daban a los bombos. Una imagen que da asco, que destruye la idea de que la hinchada argentina es pura pasión y alegría.

Las pelotas.

YPF y su jactancioso orgullo de trabajar con un pool de agencias de publicidad integrado por Mercado McCann, Isla, Ninch, Slap, Plug, VML y Astillero, debería eliminar del aire televisivo su estúpida y chauvinista campaña en la que pusieron a Lionel Messi, Rodrigo de Paul, Enzo Fernández y Leandro Paredes en varios spots a halagar a la hinchada argentina, jugando con la fantasía conceptual de una supuesta retroalimentación de energía entre los jugadores y su público. Antes, una premisa dudosa e incomprobable. Hoy, una estafa emocional imperdonable.

Durante el minuto de silencio roto por los trogloditas argentinos o «argentroglos», lo que se vio fue soberbia, egoísmo y desprecio por el dolor ajeno. No tenemos el más mínimo prurito en calificarlos como gente de mierda.

El segundo de los contrastes fue el silencio apabullante en el mismo acto realizado en la previa del partido Inglaterra vs. Noruega.

No es la primera vez que ocurre. Ya en otros torneos se registraron episodios de falta de respeto en minutos de silencio. Pero lo de Kansas City fue más grave: se trataba de un jugador que había participado en el mismo Mundial, que acababa de morir, y cuya familia estaba de luto. La comunidad futbolística mundial se unió en condolencias. La excepción fueron esos hinchas que eligieron el ruido.

 


 

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