
Ayer dábamos cuenta de un interesante reporte sobre el programa del Ministerio de Educación porteños de acercar a los alumnos de las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires al Ajedrez.
¿Cuánto ha hecho el Estado en la Argentina por el juego de estrategia por excelencia y su vínculo con la Educación?
Hubo en 2017 un proyecto para darle contenido a un lavado artículo de la Ley de Educación Nacional. Dice: Artículo 1º.- Modifíquese el inciso k) del artículo 27 de la ley Nº 26.206 de Educación Nacional, el cual quedará redactado de la siguiente manera: “k) Promover el juego como actividad necesaria para el desarrollo cognitivo, afectivo, ético, estético, motor y social, con especial énfasis en el ajedrez, en virtud de su función como herramienta pedagógica complementaria”.
Una cobardía política.
El nombrado inciso k decía -sin ton ni son- en la ley sancionada en 2006: «Promover el juego como actividad necesaria para el desarrollo cognitivo, afectivo, ético, estético, motor y social». Bla bla bla.
En realidad, ese inciso k, «no decía». Porque, realmente, no decía nada. Tan propio de tantas leyes que deberían ser importantes en la Argentina y que, finalmente, son lo que son. ¿Quién se encarga de «promover» en nombre de esa ley? Nadie, obviamente. Promover es una palabra de una ambigüedad asqueante, que le deja margen a cualquier funcionario de cualquier administración y extracción política a llenarse la boca con proyectos no realizables, ya que las leyes no obligan a realizar lo que «se invita» a promover. Discrecionalidad burlesca.
El proceso puede ser difícil o muy fácil, según cómo lo vean todos los que tengan que meter la mano en la maquinaria: Ley incorpora el Ajedrez, nace una web nacional con una base de datos menos monstruosa que la de ARCA para registrar partidas y un poquito de «criterio figuretti», colegios arman partidas y las van registrando en la web, sabiendo que los dos primeros años casi sin participantes, hasta que se arma una estrategia fuerte en redes sociales, probablemente con apoyo de empresas que quieran que su nombre suene justo ahí. Después, el gobierno empieza a alentar con pequeños apoyos (no hacen falta subsidios que desmoronen el PBI), algún que otro beneficio fiscal a empresas por participar en logística de viajes y estadías y un torneo anual con un gran premio. Si los medios de comunicación entienden y ven que va en serio, ellos van a ir en serio.
Y no apuramos campañas de torneos de ajedrez dentro de la pauta oficial, de la que el gobierno de Javier Milei dice haberse alejado, pero lanza permanentemente avisos de YPF con Messi, De Paul y Colapinto, nada baratas, por cierto.







