• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 19 de abril de 2026

El Hospital de Clínicas “José de San Martín”, atravesó  en casi todo los tiempos, situaciones críticas vinculadas a su esquema de financiamiento.

Al depender de la Universidad de Buenos Aires, el hospital se sostiene principalmente con fondos públicos que la UBA recibe del Estado nacional, en el marco del presupuesto universitario asignado por el Congreso y ejecutado a través del Ministerio de Educación.

A ese financiamiento estructural se suman aportes puntuales del sistema de salud pública por determinadas prestaciones y convenios específicos con organismos e instituciones, aunque estos ingresos complementarios no alcanzan a cubrir el funcionamiento general.

En los últimos años, el principal problema no fue la desaparición formal de las partidas, sino su congelamiento en un contexto de inflación elevada. El Hospital de Clínicas continuó funcionando con montos presupuestarios fijados en ejercicios anteriores, mientras los costos de insumos médicos, mantenimiento edilicio, servicios y salarios se incrementaron de manera sostenida. Esta brecha entre ingresos y gastos derivó en una reducción progresiva de la capacidad operativa, con demoras en cirugías, dificultades para adquirir insumos críticos y un impacto directo en la atención de pacientes.

Desde la UBA y desde la propia conducción del hospital se advirtió en reiteradas oportunidades que la falta de actualización presupuestaria compromete no solo la prestación sanitaria, sino también el rol académico del Clínicas como hospital escuela, donde se forman médicos, enfermeros y profesionales de la salud. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios y la imposibilidad de planificar inversiones a mediano plazo profundizaron el malestar entre trabajadores y docentes, que protagonizaron reclamos públicos y medidas de visibilización.

En ese contexto, también se encendieron señales de alarma frente a posibles recortes futuros o reducciones reales del presupuesto universitario, lo que afectaría de manera directa a los hospitales universitarios. Incluso se llegó a plantear, de forma controversial, la necesidad de generar recursos propios a través del cobro de algunas prestaciones si no se recompone el financiamiento estatal, una opción que generó un fuerte debate por su impacto en el acceso a la salud.

La situación del Hospital de Clínicas sintetiza un problema más amplio: la tensión entre el carácter público y universitario de una institución clave del sistema sanitario y la falta de recursos suficientes para sostenerla en un escenario económico adverso. Mientras no se resuelva el desfasaje presupuestario, el hospital continuará funcionando bajo una lógica de emergencia permanente, con consecuencias que trascienden sus paredes y alcanzan tanto a los pacientes como a la formación de futuras generaciones de profesionales de la salud.

 

 

 

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