• Diario 5 -Buenos Aires, sábado 18 de abril de 2026

La inteligencia artificial dejó de ser un experimento académico para convertirse en un motor económico. Los números lo muestran con claridad. El mercado global de IA podría superar los 390 mil millones de dólares en 2025 y alcanzar más de 3,5 billones en 2033. La tasa de crecimiento anual ronda el 31%. Es un ritmo difícil de encontrar en otros sectores tecnológicos.

La mayoría de las grandes empresas en el mundo ya lo adoptaron pero nada indica que todas las que lo hayan hecho vengan acertando son su uso.

Ocho de cada diez organizaciones utilizan alguna herramienta de IA. Nueve de cada diez profesionales del sector tecnológico trabajan con sistemas de aprendizaje automático o procesamiento de lenguaje natural. La IA generativa, con plataformas que lograron millones de usuarios en semanas, aceleró la curva de adopción.

La inversión privada también se volcó hacia este campo. En 2024, más del 20% del capital destinado a innovación tecnológica se dirigió a IA generativa. El crecimiento interanual fue cercano al 19%. La tendencia es clara: la inteligencia artificial se convirtió en infraestructura básica de la economía digital.

El comentario que surge es evidente. La IA no es un accesorio. Es un cambio estructural. Las empresas que no la integren quedarán rezagadas. Los gobiernos que no regulen quedarán expuestos. Y los usuarios que no la comprendan quedarán vulnerables.

 

 

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