
Hasta el jueves 7 de agosto estamos en Semana Mundial de la Lactancia, una iniciativa global impulsada por la Alianza Mundial para la Acción en Lactancia Materna (WABA) que, este año, propone el lema “Prioricemos la lactancia: contribuyendo a sistemas de apoyo sostenibles”.
¿Qué pretende la consigna?
Instalar la idea de que si bien amamantar es una elección personal y un acto íntimo entre madre e hijo, también se trata de una práctica con impacto social, sanitario y ambiental.
Parece ser que la Ecomedicina no es sólo una conjunción de palabritas: La lactancia se presenta como una acción sustentable: no genera residuos, no depende de transporte ni envases, no requiere procesos industriales y no utiliza recursos naturales adicionales como el agua potable.
Tomá!
Y sus beneficios están ampliamente documentados. En los bebés, fortalece el sistema inmune, aporta defensas naturales, ayuda al desarrollo neurológico y emocional y reduce el riesgo de enfermedades comunes.
En las mujeres que amamantan, se disminuyen las probabilidades de cáncer de mama y ovario. La lactancia también arrasa con las estadística que aseguran que favorece la recuperación posparto y se asocia con un mejor bienestar físico y emocional.
Y no hay que soslayar el plano colectivo: Donde se comprueba que las madres dan la teta a su bebé, mejoran los indicadores de salud infantil. No existe discusión alguna en que el amamantamiento impulsa la nutrición correcta desde los primeros meses de vida. Siempre para una madre la lactancia debe ser la estrategia de prioridad alimenticia para su hijo
Y aunque nunca antes hayamos considerado que -aparte de significar el cuidado más accesible y seguro para humanos en su primerísima etapa de vida- la lactancia podría significar un acto «ambientalmente amigable», ahora también lo aprendimos.
Amamantar, además, es una experiencia emocional. Nada mejor que haya acompañamiento, tiempo y respeto por cada historia personal. En la Ciudad de Buenos Aires, ese trabajo es propio de equipos especializados en hospitales y Centros de Salud y Acción Comunitaria. Y también los consultorios de lactancia.
Todos ellos están dedicados a orientar y sostener a personas gestantes, lactantes y sus familias en un proceso que, aunque natural, muchas veces necesita apoyo profesional y comunitario.
Durante esta semana, hospitales y CeSACs porteños ofrecen información y diálogo. Hay talleres, charlas y encuentros para fomentar la lactancia y dar un acompañamiento que perdure más allá del fervor de estos días.



















































