• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 11 de marzo de 2026

No hablamos de comercios dedicados al exchage ni a "arbolitos" en Florida y Lavalle, sino a una generación que enseñará tanto a sus mayores como a sus descendientes, sobre la necesidad de romper con hábitos humanos que vienen vulnerando la capacidad de autodefensa del propio planeta.

Laboratorio

El  Laboratorio de Energías Renovables y Eficiencia Energética es presentado como un catálogo de estaciones y dispositivos. Quizás lo interesante esté en lo que pasa cuando los chicos entran ahí. Lo central no parecería tanto la lista de paneles solares o aerogeneradores, sino cierto choque entre la teoría y la práctica.

El proyecto gana en valor cuando los estudiantes que ya escucharon hablar de cambio climático, que lo sufren en cortes de luz o dengue en sus barrios y que, de pronto, pueden tocar con las manos la tecnología que promete otra manera de vivir.

El dato más fuerte no es que haya diez estaciones de trabajo, sino que el interés por la temática ambiental crece del 55 al 80 por ciento después de cada visita. Eso muestra que la información, cuando se convierte en experiencia, deja de ser abstracta y se transforma en hábito. Todo es parte de la estructura educacional de una generación: separar residuos, desenchufar aparatos o armar una huerta. En el futuro, esas pequeñas acciones tienen opción de multiplicarse cuando alguien las probó en un laboratorio escolar.

¿Los estudiantes se reconozcan como agentes de cambio y llevan esa conciencia a sus casas y a sus barrios?

Remarcamos permanentemente en nuestro medio que la educación ambiental funciona cuando se conecta con la vida cotidiana. A su vez, los laboratorios superan todo lo teórico. A partir de esa ventaja, fluye con mayora facilidad la comprensión de los chicos sobre todos los temas ecológicos.

 

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