• Diario 5 -Buenos Aires, martes 10 de febrero de 2026

Por más que se repita como mantra que configurar las balanzas de fiambrería en divisiones de 5 gramos “optimiza el proceso” y “evita disputas”, lo cierto es que detrás de esa práctica se esconde una zona gris que merece revisión. Porque cuando el cliente paga por 100 gramos y recibe 91, no estamos ante una cuestión técnica: estamos ante una distorsión comercial que, por mínima que parezca, se multiplica en cada operación.

La lógica de la “división de 5 gramos” se presenta como una solución operativa: menos lecturas, menos errores, más velocidad. Pero ¿a costa de qué? De la precisión. De la transparencia. De la confianza. Si el precio por kilo puede superar los $10.000, esos 9 gramos de diferencia dejan de ser anecdóticos.

Hablamos de dinero y de una operatividad sistemática.

Las normativas de metrología legal pueden permitir ciertos márgenes pero permitir no es lo mismo que justificar. El argumento de que “facilita el cálculo” habla claramente de buscar una solución frente a gente con pocas ganas de hacerse cargo de defender lo propio or miendo au conflicto, aunque minutos más tarde se pelee a los gritos -y no tenga problemas en hacer llegar la trifulca hasta los golpes- en cualquier situación callejera donde lo que lo único que debe defender sea su ego.

Jamás hay excusa para redondear hacia arriba. Si el sistema favorece al comerciante en una transacción, no estamos ante una simplificación: es una ventaja estructural.

La foto de una balanza hogareña mostrando 91 gramos frente a una factura por 100 no es capricho, ni truco, ni manipulación comunicacional. Es una evidencia. Si en el comercio el consumidor no tiene cómo verificar el peso real, la balanza deja de ser instrumento de medición y pasa a ser herramienta de conveniencia.

Quizás la solución no esté en eliminar la división de 5 gramos. Co sólo garantizar que el pesaje refleje lo que se cobra, no nos inflaríamos asó de bronca. Si el ticket no es una ficción matemática, sino un reflejo fiel de lo que el cliente lleva, firmamos conformes. La tecnología se desarrolla cada día para permitir precisión.

¿Por qué resignarla?

 

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