• Diario 5 -Buenos Aires, sábado 17 de enero de 2026

Con su estilo único, el periodista estrella de la noticia policial da cuenta de los operativos más importantes del mes de mayo

Mayo fue grosso para la práctica de cerrar esposas. El mes ya había arrancado con toda la artillería pesada de la Policía de la Ciudad, que viene limpiando el mapa porteño como un tetris: uno a uno van cayendo muñecos, algunos dosapes y otros, para la joda. En Mataderos, un par de perejiles bien cargados pensaban que podían manejar el kiosco onda Medellín. Les cayó la bordó con celeste y les bajaron la persiana del búnker con un allanamiento quirúrgico. Se comieron los grilletes y les secuestraron más merca que la que vio Tony Montana en su zénit. Uno peruano, el otro argentino y los dos igual de nabos.

Pero los exportadores de gilada no descansan y desde Perú nos habían mandado un anticucho llamado «Jairo», buscado por homicidio simple. La jugaba de turista en el barrio Rodrigo. Como para no tenerlo junado. Cuando la yútex irrumpió en su guarida, el tipo ni tuvo tiempo de agarrar la toalla. Se lo llevaron en piyama, con otro compinche también peruano. Las cámaras registraron todo: una delicia.

En Molerpa, dos pelandrunes quisieron hacerse los Rápidos y Furiosos con un Peugeot 307 estacionado. Vidrio roto, intento de fuga y final de película: esposados contra el capó en su delirio de Bonnie & Clyde. Lo más bizarresco: ella gritaba “¡no me filmen!” y él pedía “una oportunidad más”. Ya está, flaco, andá a laburar.

Más al norte, en Villa Santa Rita, cayó un degenerado de 49 pirulos que la venía zafando desde 2018. Tenía una condena por abuso sexual agravado, y vivía como si nada. Hasta que se acabó la joda. Lo bajaron de un hondazo y lo mandaron a esperar juicio a donde no hay ni Netflix ni visitas dulces.

Pero la frutilla del postre llegó con la quema. No tiene que ver con el Club Huracán sino con ina tonelada y media de falopa —1.660 kilos— que fue a parar al crematorio de la Chacarita. Cosa hermosa. Estuvieron el ministro de Seguridad, el secretario y el Jefe de la Policía. Todos aplaudiendo cómo se desintegran los venenos que le pudren la cabeza a los pobres giles, clientes de un negocio criminal.

Y ya que hablamos de tiros, robos y tropelías, en La Boca un oriental del Río de la Plata quiso boletear al hermano. No conforme con eso, se rateó en bici y asaltó a un vecino. Pero el GPS del destino lo llevó directo a los brazos de la fuerza. Los vecinos filmaron todo, los canas actuaron en vivo y el fraticida quedó out. Por salame.

Otra palermitana: los «roba espejos» volvieron a la cancha. Pero la Comisaría Vecinal 14B los tenía en el periscopio. Los imantaron justo en faena, manoteando espejos. Tenían más antecedentes que conflicto en Medio Oriente. Hablamos de dos cosos de 30 y 38 años, con más prontuario que sentido común.

También cayó un portero que vendía fierros por redes sociales. Mirameló al encargado bien cargado. Parece ofrecía un chumbetti a precio promocional. Lo fueron a visitar a su edificio en Av. Córdoba y le hicieron probar la vida del otro lado del mostrador. Hasta el próximo Black Fiday y a llorar a la fiscalía.

Inspecciones a metaleras: trece imputados, veinticuatro clausuras y gran cantidad de autopartes secuestradas

En Chacarita, uno salió en libertad un domingo y el lunes ya estaba choreando una perfumería con un socio. Afano con rotura, cámaras que lo escrachan y la ley que lo abraza. Encantador. Así se repite la historia para los que no aprenden ni con piñas.

Los ratis también le dieron cierre al caso del robo millonario al corralón de Puerto Madero. Cayeron con tutti gli fiocchi: tres menores y un mayor. En los allanamientos encontraron todo el botinardo. El último muñeco tenía 17 años y más caripela que experiencia. Pero nadie lo paró a tiempo y se le terminó la aventura.

Back to Mataderos: tres narquetes peruanos hacían pasamanos en plena calle. Hacían. Era como si preguntaran: ¿Qué pasa que no me llevan? Los levantaron en el acto, con 21 dosis de frula y 760 lucas. El verdadero Merqueado Pago. La «aplicación» se la hizo la gorriti: operativo limpio, preciso y sin errores.

Otra fílmica: los octavos de la Liga fueron el escenario de una nueva caza de trapitos. La Poli de la Ciudad demoró a 185 rapiditos que pensaban hacer el negocio del año con los autos de los hinchas. Les labraron 645 actas. Chau changa facilonga.

Las metaleras tampoco se salvaron: trece imputados, veinticuatro clausuras y un secuestro bestial de autopartes robadas y hasta municiones. Los compradores de bronce afanado estaban en Constitución, Balvanera, La Boca, Pompeya, Mataderos, Parque Avellaneda y Parque Chacabuco. Otros «traders» del picaporte también cayeron en La Carbonilla, la 20, Barrio Mugica, Ciudad Oculta, la 21-24, Carrillo, Los Pinos y Fátima (Soldati), la 1-11-14 y Rivadavia (Flores) y el 31 de Retiro. Ninguna joda. Estos monos transaban todo lo ilegal con impunidad romántica.


La  más genial de nuestro resumen:

¡Timbre traidor! Un celu sonó desde el tachito y los dejó regalados con los fierros robados**

¡Flores, tierra de vivos y giles! Dos pavotes —uno peruano con 48 pirulos y otro criollo de 24— se pensaron que eran Gardel y el Zambo Cravero, escondiendo celulares robados en el fondo de un tacho. Pero les falló el plan por un detalle pelotudamente hermoso: uno de los celus ¡empezó a sonar desde el fondo del cesto!

La runfla venía bien hasta que la cana, junto a la AGC y ENACOM, se metió a inspeccionar tres locales de «reparación» de móviles, verdaderos desarmaderos digitales. La bonita redada la encaró la División Delitos Tecnológicos Complejos, que ya le tenía el ojo puesto a estos chamuyeros de los chips. En uno de los boliches, mientras los polis revisaban con la cara de «sabemos que acá hay sarasa», se escucha un ring ring ring medio llorón desde un cuartito del fondo. Se miraron entre ellos, tipo: “¿Qué onda ese ringtone?”. Y se mandaron. Ahí lo vieron: un tachito de basura con más secretos que cartera de escort. Metieron mano y boing! salieron veinte celulares como si fuera una rifa trucha. Algunos tenían pedido de captura más viejo que esperar a que conecte el módem.

Los dos pastenaca, en naca. Los aparatejos, de ellos lejos. Moraleja: si vas a chorear celulares, por lo menos ¡silencialos, salame!


Además, en la basura escondían celulares robados, pero la policía les siguió el rastro y los terminó cazando a dos tipos, uno peruano y otro argentino, que se creían vivos.

Para cerrar, catapultaron del país a una trans peruana condenada por venta de frula. La tipa reincidió y Migraciones le hizo dar media vuelta y mandarla a respirar otros aires.

La cana no para de meterle garra y la calle no se queda atrás con las ristras de choris que quieren hacerla de oro fácil. Nunca terminan de ver que la ley siempre les está pisándo los talones. Y les pisará al culo si reinciden.

 



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