• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 14 de julio de 2024

La Democratización del acceso a la información

Cada año, al llegar los 7 de junio, el Día del Periodista se carga de más cuestiones a resolver, como parte del propio objetivo de la profesión: encontrar respuestas

Nos encanta encarrilar nuestro pensamiento en que el periodismo, en su esencia más pura, es una búsqueda constante de la verdad y un compromiso inquebrantable con la transparencia y la justicia.

Y no creemos estar equivocados.

Pero a esta altura de tantas cosas, sentimos cierto temor por las afirmaciones absolutas.

Tragamos saliva y seguimos.

Los valores fundamentales del periodismo —la objetividad, la precisión, la independencia y la responsabilidad— se convierten en pilares esenciales en tiempos convulsos y de transformación acelerada.

Pongamos la lupa en el hoy más ortodoxo: el sesgo que millones y millones vemos en el periodismo de la era digital: la información viaja a una velocidad sin precedentes. Donde las fronteras entre la realidad y la ficción a menudo se difuminan, el papel del periodismo se vuelve aún más crítico.

Nos enseñaron que la objetividad en el periodismo implica reportar los hechos de manera imparcial, sin dejarse llevar por prejuicios o intereses personales. Y cumplir con esa premisa es fascinante. Nos lo han contado algunos colegas. En una época donde las redes sociales permiten que cualquier persona sea una fuente potencial de información, la necesidad de periodistas profesionales que puedan verificar y contextualizar esos hechos se vuelve indispensable. La precisión no solo es un valor ético sino también una necesidad pragmática. Por lo menos, en la Argentina. Y en un mundo donde una noticia falsa puede tener repercusiones globales en cuestión de minutos, también.

La independencia es otro valor. Lo es, especialmente, en tiempos de guerra o conflicto político serio. Hablamos de la admirable capacidad de un periodista para informar sin estar sujeto a presiones de gobiernos, corporaciones o grupos de interés. Quien mantenga la credibilidad será premiado con la confianza del público.

Nos fascina, nos emocionamos y lo decimos convencidos:

La responsabilidad del periodismo no se limita a la entrega de noticias. También implica un deber hacia la sociedad en su conjunto, para educar, informar y, en ocasiones, movilizar. En tiempos de crisis, ya sea una pandemia global, una catástrofe natural o un conflicto bélico, los periodistas se convierten en guías para el público, ofreciendo no solo datos sino también contextos y análisis que permiten una comprensión más profunda de la situación.

Y cuando hay guerras, éstas no sólo se libran en los campos de batalla. Hoy también se dirimen en el terreno de la información. Como la manipulación de los datos de los hechos y la propaganda son armas de un poder difícil de medir, el periodismo independiente actúa como una barrera contra estas prácticas y proporciona una narrativa algo más equilibrada. Y veraz.

Efectivamente, la vida digital transformó la manera en que consumimos y difundimos información.

¿Democratizó el acceso a la información?

Sí. Pero al mismo tiempo ha planteado problemáticas como la proliferación de noticias falsas y la polarización de la opinión pública. En este contexto, la comunicación responsable y ética se erige como una necesidad imperiosa. Los periodistas deben navegar este nuevo paisaje con habilidad y cautela, utilizando las disponibilidades digitales para ampliar su alcance pero sin sacrificar los principios básicos de su profesión.

La importancia de la comunicación en tiempos modernos no puede ser subestimada. En una era de sobrecarga informativa, donde el ruido puede ahogar las voces de la verdad, el periodismo de calidad tendrá que ser reconocido como una luz en la oscuridad. Tener capacidad de comunicar de manera efectiva y ética trasciende cualquier información: pasa a ser una herramienta para unir comunidades, dar voz a quienes sienten desoídos y fomentar diálogos constructivos.

Los valores del periodismo son fundamentales en un mundo cada vez más interconectado y complejo. Si se mantienen fieles a sus principios y se adaptan a las nuevas tecnologías sin perder su esencia, tosos llos periodistas independientes podrán seguir desempeñando un rol que la sociedad, demanda, exige y ama. Será defendiendo la verdad, promoviendo la justicia y facilitando el entendimiento mutuo dondequiera que haya «grieta».



 

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