Traidores los unos, violentos, los otros

PorMarcelo Zanotti

Mar 1, 2021
Traidores los unos, violentos, los otros

Infantil y desubicada, la oposición se comporta igual que el gobierno: pésimo. Cada vez está más confirmado que quienes adhieren a la grieta entre estos dos grupos son gente que va a llevar al país a la guerra civil. Hoy, ser macrista o ser kirchnerista es mala palabra.

Un grupo de militantes de la más baja categoría politiquera, le dio la gran oportunidad al gobierno tramposo a reivindicarse. Es tanto lo que consiguió agrandarse, que encendió -hasta podría decirse, justificadamente- la épica de los organismos de derechos humanos que simpatizan con él y los apoyan.

Ante el infame escenario de las bolsas mortuorias frente la Casa Rosada y a sólo 8 días de su acto de traición a la patria, el gobierno recibió un regalo del cielo. Milagroso. Justo cuando la sociedad los estaba viendo como lo que son, unos traidores de mierda, sus primos de la vereda de enfrente se plantaron frente a la sociedad para recordarles que ellos también juegan bien el juego y ratificaron que son unos insensibles de mierda.

Tuit de Mauricio Macri. @mauriciomacri · Feb 27
Emocionado y contento de ver como una vez más los argentinos se movilizan, demostrando que no van a permitir los abusos y atropellos del gobierno.

Tuit Alberto Fernández @alferdez · 27 feb.
La forma de manifestarse en democracia no puede ser exhibir frente a la Casa Rosada bolsas mortuorias con nombres de dirigentes políticos. Esta acción lamentable solo demuestra cómo muchos opositores conciben la República. No callemos ante semejante acto de barbarie.

El grupo menos pensante de la Argentina, aproximadamente un 76% del electorado, es decir, los que suelen votar polarizadamente a alguno de estos dos grupos de destructores del Estado, están, claramente, liderados por gente de la que no se sabe cuánto alcohol bebe a diario. Ellos comentan lo que pasa en el país, en vez de trabajar para hacer algo bueno. Nunca hay que olvidar que se trata del populismo falsamente progresista y el populismo falsamente productivo. Pero a «la gente» les encanta alguno de los dos. Nos duele.

Hay un documento firmado por Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos,Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. Capital, APDH La Matanza, Asociación Buena Memoria.
Comisión Memoria, Verdad y Justicia Zona Norte, Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz, Fundación Memoria Histórica y Social Argentina, Liga Argentina por los Derechos Humanos y Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos.

Lo destacable es la firma del Centro de Estudios Legales y Sociales, del que se estimaba -en caso de no haber aparecido la repugnante manifestación del gorilaje en Plaza de Mayo- que bien debería haber guardado un largo silencio. El CELS apenas «aceptó» el pedido de licencia de su miembro fundador, Horacio Verbitzky, luego de que éste disparara el monumental escándalo de las vacunas de privilegio, que dejaron al descubierto – por fin y de una vez por todas- la desigualdad civil a la que se somete al habitante de la Argentina desde 1989.

No vale la pena transcribir el texto. Hemos estado al lado de estas organizaciones cuando el país estaba relativamente unido en pretender reafirmar la voluntad del Pueblo ante las últimas embestidas militares por el Poder. Hoy, todas esas organizaciones mantienen sus consignas pero su espíritu parece difuminado. En sus argumentaciones aparentan no entender que ya ganaron. Que ya ganamos todos y sí, en gran parte, gracias a ellos. Gracias, gracias, gracias. Pero no quieren aceptar que el campo de batalla de hoy ya no es aquel donde peleábamos todos en 1978 y 1979. Bien por el Museo de la Memoria y respetamos todos los museos que quieran hacer para repudiar la represión criminal de los 70. Pero hoy existen derechos humanos que aún no terminan de despertar.

Nadie lo dice ni nadie se lo pide, pero si las organizaciones de Derechos Humanos, todas, como están hoy, sólidas, reconocidas y prestigiosas, generadoras de cuadros políticos desde sendas canteras, pusieran su eje en el combate contra alguno de los flagelos actuales, la sociedad estaría muy esperanzada en encontrar soluciones. La lista de esos problemas incluye la lucha por establecer una rutina de aceptacióm de denuncias por violencia de género, mayor acceso a protocolos de admisión en las escuelas de fuerzas de seguridad de todos los distritos o cualquier decisión que implique volver a la acción que tuvieron en los tiempos en que comprendieron que era urgente por cuestiones ideológicas. Bueno, ahora es urgente por cuestiones cotidianas. Eso no es poco.

Pero para las comisiones directivas de algunas entidades de DDHH, salir a intentar influir en la discusión social que encuentre soluciones acerca de cómo debe ser tratado un menor asesino o el asesino de una menor, es ingresar en el «discurso punitivista» de su llamado «protocolo ante violencias», con lo cual se sacan el problema de encima, nadie les jode el presupuesto y siguen cuidadndo la quintita de «mantener la memoria». Mantenemos la memoria, muchachos. Hagan algo más.

Desde esta tribuna y en estos días, cuando repudiamos a los que traicionan a la patria somos tildados de gorilas, mientras que cuando nos asqueamos por las trampas y la insensibilidad del liberalismo, nos tratan de chavistas. Están unidos en la hegemonía polarizada y son el espanto. Ambos, como siempre.

Traidores los unos, violentos, los otros

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