• Diario 5 -Buenos Aires, martes 26 de octubre de 2021

Acelerar la renovación de dirigentes no es antipolítica

PorMarcelo Zanotti

Sep 24, 2021

Hay avidez de probar y descartar. No es fácil obtener dirigentes con este método, pero en cuanto aparezcan, la generación actual quedará muy en evidencia. El ejemplo de Estonia.

Los comunicadores más peligrosos de la década del 20 son quienes se encargan de calzarse una falsa túnica con el argumento de la defensa democrática y contraatacar sobre las personas que señalan a los dirigentes partidarios no sólo gastados por su exposición pública sino por la recurrente cantidad de pruebas que los ubica en las antípodas del beneficio generalizado.

El discurso de considerar a los que alzan la voz como «La Antipolítica», ya jode y mucho.

Es muy importante aclarar que los que se llenan la boca repudiando a «los antipolítica», no son sólo los que simpatizan con el Frente de Todos, como se suele creer. También hay partidarios de Juntos por el Cambio que se quejan de la supuesta falta de compromiso que implica un discurso ansioso, exigente y con la flitera en la mano.

No se equivoquen, muchaches! El 2001 no vuelve más. El «que se vayan todos» fue sólo una frase y el 90% de la sociedad lo sabe.

El problema es el miedo a la velocidad de los cambios que se exigen. Miedo. Tienen miedo porque se les viene una generación que entiende que hay que prepararse mucho para estar cuatro años y someterse a que todo lo que encaren en ese lapso no será suficiente y los terminarán echando, a la espera de otros nuevos.

Los miedosos son los que, acostumbrados al mecanismo tradicional de que cuando se salía del Poder, se aguantaba el chubasco de críticas por desgaste y se regresaba a algún cargo y por alguna vía, tras atravesar la etapa grabada a fuego en el anillo grondoniano, con la frase de «Todo Pasa». Pues bien, al igual que el Romano, está llegando el final de ese imperio. Comienza a vislumbrarse un apagado en alta velocidad del «vuelvo en unos años». Por eso, la furia contra quienes ponen la lupa sobre los dos grandes grupos bucaneros del queso, porque están acostumbrados a que todos tomemos partido por uno u otro. Odian la despolarización. Rápidamente surge el argumento de la apatía democrática y el mote de «los antipolítica».

Miedito.

En Estonia acaban de elegir presidente a un científico, biólogo y político no partidista. Fue profesor de Biología del Desarrollo en la Universidad de Tartu  y llegó a ser su rector de 2007 a 2012, presidente del Tribunal de Cuentas y director del Museo Nacional de Estonia de 2018 a 2021 .

Uuuuuh… el fantasma de la antipolítica!!! Buuh…

Los únicos que podrían tener algún temor son los colados de los cargos!

Cagate en las patas, prestá atención, chupapuntero: Alar Karis fue a la escuela secundaria durante la ocupación soviética, estudió medicina veterinaria y se doctoró con especialización en parasitología. Participó del Centro de Investigación del Instituto de Cría de Animales de Estonia y trabajó en el Biocentro de la Academia de Ciencias. Se fue a Alemania y continuó con la investigación científica en la Universidad de Hamburgo, luego en el Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres y finalmente en la Universidad Erasmus de Rotterdam. Desde 1998, el foco de su trabajo científico se centró en la genética molecular (un nerd, boludo! Rajemos)

Lo curioso es que los estonianos votan con un ahinco hambriento, en el que la memoria de la falta de libertad que azotó al país durante más de medio siglo, sobrevuela la vida de la sociedad sin la más mínima diferencia entre quienes votan aun candidato con los que votan al rival. Grieta, minga.

¿Qué clase de derecha o qué clase de izquierda creemos que podrían apoderarse de la preferencia de los estonianos, pueblo cultor de la memoria, que sufrieron la ocupación nazi primero y la comunista después?

Dejamos Tallin y volemos a  Buenos Aires

Lo que existe es una sociedad que empieza a entender que Ringo Bonavena tenía cierta razón cuando decía que «La experiencia es un peine que te regalan cuando te quedás pelado».

No hay sustento en tildar de antipolítica a quien indaga en la opción ajena a las grandes estructuras políticas. Siempre ocurrió que los gobiernos débiles no pueden gobernar, porque las corporaciones no se lo permiten cuando quieren defender sus intereses. Lo que ocurre, es que siempre tenemos la idea de esas mismísimas corporaciones (bancos, sindicatos, medios de comunicación, estructura agropecuaria) sólo tienen el teléfono de los dirigentes de los grandes partidos políticos.

Nunca se sabe si es posible alcanzar todos y cada uno de los sueños que perseguimos. Pero si se nos da la oportunidad, vale la pena mejorar de golpe, por sorpresa y debilitando al soberbio. Nunca hay que darle medio metro, porque te pone.

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