• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 1 de agosto de 2021

La nueva del coronavirus: los argentinos sinófobos

PorMarcelo Zanotti

Mar 10, 2020

Nuevas muestras de necedad de la Comunidad API

El relato de un periodista de televisión argentino de origen chino, dejó atónitos a los colegas que lo escuchaban en un programa de tratamiento y debate de temas generales.

Cuando el conductor de Intratables, Fabián Doman, le preguntó al invitado Carlos Lin «si vos ahora te sentás en restaurante de acá enfrente ¿qué pasa?» La respuesta de Lin fue que su propia madre vivió la siguiente situación en un local comercial de la Ciudad de Buenos Aires: Había algunas personas esperando frente al mostrador. Al ingresar la Señora Lin, un nada caballero que se encontraba allí, inclinó su cabeza para tapar su nariz con el lateral de su camisa. ¿Leíste bien? Sí, leíste bien! El tipo «improvisó un barbijo instantáneo» al ver que una mujer china se le acercaba.

Es cansador. A veces se hace muy cuesta arriba encontrar calificativos para una sopa de indeseables que contiene tantos ingredientes: canallada, necedad, falta de educación y respeto, vulgaridad y -lógicamente- el elemento más común que les da a los API una parte de su orgullosa identidad: ignorancia.

Segundos después, Lin reveló que a una joven, también de origen chino, al presentarse para la inscripción en un gimnasio, la «atajaron» con un «no creo que sea el mejor momento para que te inscribas».

«Sinófobo» es una palabra extraña. Hasta puede resultar simpática. Lo que da bronca es que como estos tipo son de cerebros profundamente petrificados, ni siquiera saben lo que son, ya que es más que obvio que no tienen noción alguna de que el significado de la palabra Sinofobia refiere al rechazo por los chinos y todo lo chino.

API significa «Argentino Pelotudo Ignorante». últimamente me vengo encontrando con gente que me lo niega o considera que estoy exagerando. Esas personas, ya son API. ¿Yo lo soy? Y… sí. Soy Argentino y, aunque parezca mentira, eso es más que suficiente. Obviamente que sí, que estoy tan adentro como los que escucharon que en esa puerta «viven drogadictos», entonces se cruzan de vereda, hacia donde están de faso pero nuestros amigos creen que están quemando eucaliptus para limpiar los bronquios o curarse de resfríos. Todos los días actuamos como sociedad para algo: desde cuando nos movemos todos juntos a la salida de un subte hasta cuando nos creemos solidarios porque llevamos un juguete viejo a una campaña televisiva de caridad.

Y el nivel de hipocresía es digno de alarma. Porque se trata, en un porcentual muy alto de estos discriminadores, de detentores de la bandera de la diversidad en los actos y marchas al respecto. Maamita.

Muchos de los que se quejan de esta teoría son sensibles y se sienten «básicamente» solidarios. Esa «base» no suele estar fija. Es, digamos móvil. Es necesario que la «base de su solidaridad pueda desplazarse, sobre todo cuando el linyera al que estaban dispuestos a ayudar con una moneda, huele mal.