¿Quién es el que no entiende? ¿El restaurante o el cliente?

PorMarcelo Zanotti

Jul 8, 2020

Los dueños de bares, restaurantes y confiterías todavía no entienden las claves para la subsistencia durante este tiempo. Pero algunos suertudos, conservan clientes tontos.

No se sabe si existe una falta de conciencia cercana al punto de la necedad, un acto de ridícula viveza criolla perpetrada por la desesperante situación que viven algunos negociantes gastronómicos o, directamente, una distracción que podría ser corregida por un llamado de atención como éste.

Como la cuarentena ha cambiado las costumbres de los bares y restaurantes que, a partir de ella, comenzaron a vender por la vía del envío a domicilio o bien como productos para llevar, pocos caen en la cuenta de que los precios que se observan en las organizaciones gastronómicas transformadas en simples casas de comida, mantienen los precios como si se tratara del que le cobrarían a la clientela que se sienta a sus mesas y va a ser servida.

No es fácil comprender el desparpajo con el que ciertos locales -algunos históricos- exhiben en sus vidrieras los mismos productos que pueden ser comprados en los grandes supermercados, en las llamadas tiendas de cercanía (supermercados chinos) o en pequeñas rotiserías.

Ya Diario 5 trató este tema en una nota de Carlos Allo el 31 de mayo de 2020.

Las imágenes muestran la diferencia entre lo que se cobra el mismo producto o en un lugar y en otro. Con el ejemplo que encontramos consideramos la muestra que provoca que el resto sobre: el famoso vino selección López. En la góndola del supermercado el producto se vende a $ 180.- mientras que en la vidriera del otrora ostentoso bar, el valor del clásico vino asciende a 300 pesos.

¿Acaso no entienden que el servicio que estaban dando ahora no lo están dando? ¿no ven que se gran salón del que se jactaron por sus pisos, sus bronces, sus fuertes mesas y sillas, sus manteles impecables, su atractiva vajilla, sus simpáticas paneras y sus cuidadas instalaciones sanitarias no forman parte ya del Valor agregado que se le debe poner al producto que revenden? ¿no lo ven o no lo quieren ver? ¿no se dieron cuenta o están jugando a ver si algún incauto caer en la trampa y compra el vino por 300 pesos?

Claramente, no la quieren ver. El desmoronamiento que se observa en centenares de negocios establecidos para obtener buenos márgenes de ganancia durante los miles de años que duró una etapa llamada «Vida Normal», se ve acelerado en aquellos cuyos dueños están careciendo de los reflejos necesarios para entender en la etapa llamada «coronavirus», los niveles de ganancia deben ser menores, porque, de lo contrario, el negocio dejará de existir.

De los restaurantes que no decidieron cambiar a niveles de ganancia similares a los de las casas de venta de comida, un supermercadito o un kiosco que vende panchos… ¿todos son candidatos a caer al abismo? parece que no, debido a que ya se ha comprobado que existen personas que van a estos negocios y, no sólo adquieren comidas para llevar al precio que pagarían como si se los atendiera en el salón, sino que -por el viejo mecanismo haragán del «ya que estamos»- compran el vino en el lugar. Nunca más paradójico un ejemplar del antiguo refranero español que arranca diciendo «la culpa no es del chacho…», cuando justamente el «el que le da de comer» es el que se lleva la comida.

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