• Diario 5 -Buenos Aires, martes 26 de octubre de 2021

Otra vez el molesto protagonismo de Boca y Ríver

PorAlejandro Lacarra

Mar 7, 2020

No aprenden. Siguen siendo hinchas de los equipos de esos dos clubes que marcaron una parte importante de la decadencia argentina. Boca Juniors y River Plate son sellos claros de la reunión troglodita de verse todos juntos en favor de un objetivo que traiga adherido el condicionante de estar en contra de otros y un viceversa en idénticos términos, por lo que no hay posibilidad alguna de que unos sean mejores que los otros en algún aspecto.

Y son muchos.La suma de los hinchas de Boca con los de Ríver da una cifra aproximada a la de gente que por estadística de temáticas múltiples, en la Argentina podría estar conformando un exceso. Son personas de todas las clases sociales, que ha demostrado con pruebas de sobra que el motivo de demostrar tanto placer por el triunfo propio como por la derrota del otro, no es tanto para verse dominador en la contienda eterna entre las dos escuadras, sino para cumplir con la doble sensación que necesitan tener los seres humanos que ostentan marcadas inseguridades: sentirse protegidos por los pares y ser protagonista de una conquista heroica y/u honorable que sea fácil de compartir.

Los seguidores de estos clubes se necesitan entre sí. Utilizan el tiempo y los recursos de atención de todos para declarase mutuamente sus chicanas, sus bromas y sus estadísticas acomodadas a conveniencia. El problema es que son gente molesta. Es una característica de los millones que se inclinan por alguno de estos dos clubes. Indistintamente.

 

Los «grandes» motivos

Hacerse hincha de los clubes más grandes es uno de los actos de falta de personalidad tan evidentes como lo es el hipócrita creencia de que «cuanta más gente juntamos, más grandes somos». Una pelotudez, ya no tan exclusivamente argenta porque en el mundo hay otros corderitos que, deslumbrados con la historia, resultados y marketinería de un club grande, se dedican a gastar lo que no tienen por ir la mayor cantidad de veces posibles a los estadios a verlos y comprar sus camisetas, sus emblemas y su merchandising.

De todos modos, existe unos argumentos maravillosos que usan los grupos en cuestión: aducen que los que no simpatizan con los cuadros que ellos aman son «perdedores». Como si el ser hincha de estos clubes ribereños fuera una marca de linaje. Lo más absurdo es que ellos lo sienten así, aduciendo argumentos sentimentales acerca de las familias a las que pertenecen y la transmisi´pn de la condición de hichas de padres a hijos y bla bla, dejando en claro que jamás que jamás se harán cargo de que llegaron a sentir «esa pasión indescriptible» por Boca o por River apenas por elección. Una elección que podría hacer recaído en cualquier club de la C o de los diferentes torneos federales. Pero no reconocen que es altamente «sensacional» vivir «emociones importantes», lo más seguido posible, ya que eso los hace sentir «importantes». Esa es la promesa de los clubes más grandes. Al grano: es más divertido.

Nunca vi tan enojadas a cuatro personas juntas, dos dungers y dos cockies, como cuando alguien les hizo notar que los estimula acusarse mutuamente de «anti boca» o «anti river», pero que existen los «anti superclásico», que detestan el concepto «Boca- River» y que realmente consideran a ambos clubes como un conglomerado de exaltados a fuerza de energizantes de guerra para mantener vivo un genial negocio basado en asegurarse gente dispuesta a ir al choque por una marca comercial.

Gente que defenderá hasta con su vida los colores de la divisa de sus amores, cuyas indumentarias portan noche y día y encima pagan carísimas no es privativo de los especímenes que hoy nos ocupan. Lo que es innegable e imparable es que la realimentación de la realimentación de la realimentación de la rivalidad entre Ríver y Boca vende como ninguna otra estrategia de marketing. El motivo: hay millones que saldrán corriendo a comprar lo que sea con tal de mantener la identidad que no sólo los enorgullece, sino que los hace sentir «incluidos». Y la inmensa mayoría de estos personajes de la banda roja y auriazules creen que eso es lo correcto.

Hoy, probablemente uno de estos grupos será campeón. El grupo que se vea perdedor, igualmente hará notar algo de lo que le parecerá injusto de la contienda y mil bla bla blas. Estar de ese lado es la forma más trucha de obtener alguna sensación de gloria para vida personal.

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