Tinelli no parece entender que, esta vez, la cosa es diferente

PorMarcelo Zanotti

Jun 11, 2020

Todos los frutos que se le ofrecen a Marcelo Tinelli, son para expulsarlo del paraíso de la popularidad. Pero él igualmente, morderá.

Dada la represiva mirada y la punitoria devolución de muchos argentinos autómatas cuando se toca a sus ídolos, el autor de la nota aclara no tener ningún inconveniente personal con conductor de televisión al que aquí se hace referencia. Por el contrario, vale remarcar cierta histórica simpatía por sus logros. Pero evidencias son evidencias. Vale aclarar, también, que la posición del firmante es absolutamente independiente de la dirección de este medio, la que prefiere no emitir, por ahora, un juicio prematuro sobre el filoso año que el famoso productor y dirigente optó por atravesar en la máxima exposición personal.

Marcelo Tinelli, adicto a la recepción de la adulación constante, vuelve. Angurriento del poder y sin medir los atragantamientos que evidencia, vuelve. Y vuelve desesperado. Nunca peor momento. Soldado de la primera línea de fuego en la lucha de los sucesivos imperios vernáculos por expandir banalización donde se requeriría reflexión, ya se calza el uniforme de comandante de la felicidad popular.

Una necedad de características superiores empujan al bolivarense a prepararse para la nueva -y última- etapa en la que volverá a esparcir humor para una dudosa mayoría a costa de los pesares de inmensas minorías. Lo hará, como es su costumbre, justificando su facilismo con una filosofía enclence de valores, y basada en la falaz necesidad de «alegrar a un pueblo que sufre demasiados embates con la realidad que vive todos los días».

Pues, esta vez, se equivocará como nunca antes le haya sucedido. Apenas se note el primer hecho vergonzoso en su ciclo televisivo, el público y la prensa que le fueron complacientes desde 1989, disimularán incómodos. Y no podrá extender ese disimulo cuando el aún celebrado conductor, enceguecido por recuperar posicionamiento e imagen, saque del barro su pierna hundida y al sacudirla, ensucie a diestra y siniestra. Es más, precederá de tal modo que -ante las adversidades nuevas que deberá enfrentar- no pondrá freno en su intento de recuperar el oxígeno del aplauso, corriendo el riesgo de caer en problemas mayores. No es que Marcelo Tinelli no haya patinado anteriormente en el camino del beneplácito masivo. Pero todo se le perdonó en nombre de un popularidad que -hasta hoy- parece invulnerable.

El -por muchos- llamado «Rey de la Televisión», va, por primera vez, rengo a escena. Dolido por la lluvia de críticas tras la seguidilla de actos dignos de un elefante en un bazar, Tinelli busca revancha, ya que nada de lo que hizo es grave. Veamos ¿Participar de la Mesa del Hambre? Excelente. ¿No hay muchas definiciones en el tema? Tinelli no es una autoridad para estalecerlas. ¿Irse a Esquel justo antes de la cuarentena? No es un delito. ¿Te critican porque creen que tenías información privilegiada? Ahí, no hay escapatoria. Tampoco es un hecho delictivo pero seguro que un escrachito te vas a comer. Tampoco con algunas actitudes antipáticas en el ámbito en el que el famoso «Cabezón» es dirigente de fútbol.

Tinelli está a punto de pisar la cáscara de banana. ¿Tiene cintura como para evitar una caída? Por supuesto, es Tinelli, un gladiador. Pero los gladiadores ganaban y ganaban, hasta que un día, no ganaban. El público del Coliseo los aplaudía. Pero como muchas veces se calzaban los trastos gladiador los mismos emperadores, sin correr demasiados riesgos, habrá que ver qué tipo de gladiador puede ser el empresario y conductor en el resto de 2020 y 2021.

Son demasiados frentes tormentosos como para salir al ruedo a -supuestamente- divertir a la gente por TV. La pandemia y ka cuarentena cambiaron tanto a la humanidad, que hoy es otra. Y no lo sabe. Resulta paradójico ver que las mismas personas que hoy se muestras felices del regreso de Marcelo Tinelli a la TV, lo condenarán antes de la Navidad de 2020. No se sabe bien si el mazazo final que recibirá el líder de Showmatch venga por el lado de alguna acusación de traición, de un entuerto con sus socios en el negocio de la TV, del efecto de protagonizar un acto de violencia, de un deschave sobre una maniobra política que lo deje en evidencia buscando beneficiarse de modo poco aceptable o todo eso junto.

Se lo ve -más bien- que va a frente como un matón al que le quieren robar la minita. ¿Tinelli parece ir al cadalzo? Si es así,  nadie -excepto nosotros- le avisa.

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