Los troglos y los pensos, la verdadera grieta

Gráfico que acompañó la nota «la Grieta Mayor», de Marcelo Zanotti, del 19 de junio de 2017

El tratamiento de la cuarentena frente a la pandemia tuvo un corto período de «estamos de acuerdo» por parte de todo el espectro político. La miserable especulación de los que se ven perjudicados ante un criterio unificado de acción, especialmente desde los liderazgos nacional, porteño y bonaerense, se hace notar cada vez más y redunda en la ya advertida por este medio «Grieta Mayor«, que no es la que divide a los simpatizantes de kirchnerismo de los del macrismo, sino una gigantesca rajadura del terreno intelecto-activista de los argentinos. En esta división natural, espontánea e insoslayable, simultáneamente ultra sincera por lo que sienten «en piel» y ultra hipócrita por cómo quieren ser juzgados, pone de un lado a los «troglos» y del otro a los «pensos».

Fácil de deducir el motivo de su identificación -por trogloditas- los troglos no aprendieron del todo qué quería decir vivir en democracia, se muestran impacientes con el ritmo que presentan las agujas del reloj, son insultadores cuando se los pone en evidencia al romper normas y suelen salir rápidamente a preguntar quién tiene «la culpa, la culpa, la culpa» de cualquier adversidad, antes de ver por qué somos un país que que busca siempre culpables. Los Troglos (escrito con mayúscula les gustaría mucho, ya que son un grupo social respetable) se enrolan tanto en la derecha como en la izquierda, eligen ser peronistas como radicales, los hay de todos los clubes de fútbol, de múltiples pertenencias religiosas y a muchos les gustan las mismas pizzas que a otros que se encuentran del lado penso.

Los pensos jamás especulan con que un mal de millones pueda derivar en un bien miles, ni que el mal de miles sea el camino para el bien de millones. Los pensos conservan en buen estado su capacidad de asombro para no dar por sentado que es imposible mejorar todo lo que existe en el mundo ante la existencia de troglos. Por ejemplo, se niegan a naturalizar que en una megaobra habrá siempre corrupción. Un penso no necesita invisibilizarse en redes para putear al adversario político, ya que -sabiendo que siempre sus adversarios conforman la suma de los grupos mayoritarios- necesitaría más del doble de tiempo y de recursos puteadores para satisfacer su necesidad de justicia intelectual frente a los troglos.

Los pensos saben que los troglos serán una mayoría eterna, ya que -hoy por hoy- se trata de la suma de los macristas, los kirchneristas, los peronistas y radicales cerrados, los zurdos fanáticos y los fachos incurables. Por un lado, son demasiados para enfrentarlos a todos con la atención de calidad que se merecen y, por el otro, los pensos se dedican a trabajar y a encarar la solución de múltiples asuntos importante para su vida y la de los demás, por lo que no tienen tanto tiempo disponible para pasarse la vida en las contiendas twitteras, que a los troglos les da tanto placer.

Se están viendo, en medio de la emergencia surgida por la crisis del coronavirus, demasiadas especulaciones mezquinas por parte de los de siempre. Están acostumbrados a beneficiarse no sólo con el uso de su lengua filosa, sino con la eventual respuesta que le brinde algún troglo de la otra parcialidad política mayoritaria. Como existen troglos que reaccionan de inmediato, cada uno en defensa del troglo que le cae en gracia, la continuidad de la contienda troglo está garantizada. Lo hacen en redes sociales y, no pocas veces en radio y televisión.

A esta altura queda claro que ha demostrado ser troglos la casi totalidad de la clase dirigente de la Argentina. Por lo menos, desde 1966, con las excepciones de dos estadistas pensos, paradójicamente guías de dos manadas de troglos que confundieron sendos liderazgos políticos con la jefatura de una barrabrava. Naturalmente, hablamos de Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín, claras personalidades que se diferenciaron de sus pares troglos en los últimos 50 años.