{"id":677489,"date":"2025-01-14T06:11:00","date_gmt":"2025-01-14T09:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=677489"},"modified":"2025-01-21T14:25:51","modified_gmt":"2025-01-21T17:25:51","slug":"677489","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/677489\/","title":{"rendered":"Tendencia a publicar Memorias"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\">Para comprender c\u00f3mo en los c\u00edrculos literarios de Buenos Aires algunos escritores que integraban las Sociedades Literarias (la cumbre fueron, en el Siglo XX, los grupos \"Florida\" y Boedo\") se zambulleron el g\u00e9nero \"Memorias\", revisamos un poco los contextos nacional y mundial en los que estos artistas viv\u00edan.l <\/h2> <p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-690416\" src=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/escritores1b_d5.jpg\" alt=\"\" width=\"859\" height=\"544\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/escritores1b_d5.jpg 859w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/escritores1b_d5-300x190.jpg 300w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/escritores1b_d5-768x486.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 859px) 100vw, 859px\" \/><\/p>\n<p>Desde tiempos antiguos, el g\u00e9nero de las \u00abMemorias\u00bb ha capturado la imaginaci\u00f3n de lectores y escritores por igual, convirti\u00e9ndose en un puente entre lo \u00edntimo y lo hist\u00f3rico. Este formato permite al autor abrir una ventana a su vida y, al mismo tiempo, ofrecer un testimonio de los cambios sociales, pol\u00edticos y culturales que vivi\u00f3. Su riqueza reside en la mezcla de subjetividad, an\u00e1lisis y narraci\u00f3n, cualidades que han cautivado a audiencias de todas las \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Uno de los primeros ejemplos notables es San Agust\u00edn, cuya obra <em>Confesiones<\/em> (397-400) marc\u00f3 un hito en la literatura occidental. En ella, el autor reflexiona sobre su vida y su conversi\u00f3n religiosa, estableciendo un modelo que combina introspecci\u00f3n personal y b\u00fasqueda espiritual. En el Renacimiento, Benvenuto Cellini, con <em>La vida de Benvenuto Cellini<\/em> (1558-1563), ofreci\u00f3 un v\u00edvido retrato de su tiempo desde la perspectiva de un orfebre y escultor, lleno de aventuras, conflictos y autoproclamado genio.<\/p>\n<p>En el siglo XVIII, el g\u00e9nero floreci\u00f3 con autores como Jean-Jacques Rousseau, cuya obra <em>Las confesiones<\/em> (1782-1789) revolucion\u00f3 la literatura al revelar sus emociones y contradicciones de manera descarnada. Su enfoque en el yo como protagonista reflej\u00f3 el esp\u00edritu del Romanticismo emergente. Similarmente, las memorias de Giacomo Casanova, <em>Historia de mi vida<\/em> (escrita en el siglo XVIII pero publicada p\u00f3stumamente), no s\u00f3lo relatan aventuras amorosas, sino que ofrecen un fresco social del siglo de las luces.<\/p>\n<p>En el siglo XIX, Le\u00f3n Tolst\u00f3i escribi\u00f3 <em>Confesi\u00f3n<\/em> (1882), explorando su crisis espiritual y el sentido de la vida, mientras que en Francia, Chateaubriand, con <em>Memorias de ultratumba<\/em> (1848), ofreci\u00f3 una obra que es al mismo tiempo testimonio pol\u00edtico, literario y autobiogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Ya en el siglo XX, el g\u00e9nero se diversific\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. En Inglaterra, Virginia Woolf y su <em>Moments of Being<\/em> (publicada p\u00f3stumamente en 1976) reflejan la introspecci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n propias de la modernidad. En Am\u00e9rica, Vladimir Nabokov, con <em>Habla, memoria<\/em> (1951), elev\u00f3 las memorias a un arte narrativo, entrelazando recuerdos personales con reflexiones sobre el exilio y la creatividad. Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito hispanoamericano, autores como Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, con <em>Vivir para contarla<\/em> (2002), ofrecieron una visi\u00f3n \u00edntima de su vida y su proceso creativo.<\/p>\n<p>Estas obras, entre muchas otras, muestran c\u00f3mo el g\u00e9nero de las \u00abMemorias\u00bb ha sido un veh\u00edculo privilegiado para explorar la relaci\u00f3n entre el individuo y su tiempo. En Buenos Aires, el g\u00e9nero tuvo un desarrollo particular, tal como lo ilustran las obras de Mart\u00edn Garc\u00eda M\u00e9rou, Miguel Can\u00e9 y otros, que documentaron la transformaci\u00f3n de la ciudad y sus debates culturales desde el lente personal y colectivo. Y ah\u00ed vamos.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>La expansi\u00f3n del g\u00e9nero de las \u201cMemorias\u201d en la literatura porte\u00f1a y argentina<\/h3>\n<p>Las memorias de Mart\u00edn Garc\u00eda M\u00e9rou se volvieron clave para entender la literatura de 1880, del mismo modo que las de Manuel G\u00e1lvez lo ser\u00edan para los primeros a\u00f1os del siglo XX. Con <em>Recuerdos literarios<\/em> (1891), Garc\u00eda M\u00e9rou no s\u00f3lo dej\u00f3 un registro personal, sino que marc\u00f3 un punto de partida para un nuevo g\u00e9nero literario. Aunque los textos eran \u201capuntes trazados a la carrera\u201d y no pretend\u00edan un \u00e9xito trascendental, la novedad radicaba en el adjetivo del t\u00edtulo: <em>literarios<\/em>. En ellos, la memoria no era un simple ejercicio autobiogr\u00e1fico; se enfocaba en la vida literaria y su contexto.<\/p>\n<p>Los recuerdos eran fundamentales para los escritores de 1880. Obras como <em>Juvenilia<\/em> de Miguel Can\u00e9, <em>Recuerdos de viaje<\/em> y <em>La gran aldea<\/em> de Lucio Vicente L\u00f3pez, o los <em>Croquis y siluetas militares<\/em> de Eduardo Guti\u00e9rrez, son ejemplos que recuperan el pasado desde perspectivas personales o hist\u00f3ricas. Tambi\u00e9n brillaron las \u201cmemorias de viejos\u201d, como las de Jos\u00e9 Antonio Wilde (<em>Buenos Aires desde 70 a\u00f1os atr\u00e1s<\/em>), Vicente Quesada (<em>Memorias de un viejo<\/em>) y Santiago Calzadilla (<em>Las beldades de mi tiempo<\/em>). En ellas, m\u00e1s que la voz del autor, dominaba la reconstrucci\u00f3n de una Buenos Aires que, a los ojos de las nuevas generaciones, se desdibujaba en un proceso de modernizaci\u00f3n acelerada.<\/p>\n<p>Garc\u00eda M\u00e9rou, en pleno auge del materialismo post-crisis de 1890, apel\u00f3 a los j\u00f3venes para rescatar la literatura como un acto de patriotismo frente a una sociedad que valoraba m\u00e1s la Bolsa que las letras. Protegido de Miguel Can\u00e9 y miembro destacado del C\u00edrculo Cient\u00edfico Literario, M\u00e9rou representaba a una generaci\u00f3n que buscaba revitalizar el romanticismo, pero con un enfoque m\u00e1s literario que pol\u00edtico.<\/p>\n<h3>El romanticismo porte\u00f1o y la influencia europea<\/h3>\n<p>En el Buenos Aires de fines del siglo XIX, la pol\u00e9mica entre clasicismo y romanticismo, que ya parec\u00eda anacr\u00f3nica en Europa, resurg\u00eda con fuerza. Seg\u00fan Ernesto Quesada, estos debates reviv\u00edan conflictos que Esteban Echeverr\u00eda hab\u00eda tra\u00eddo de Francia d\u00e9cadas antes, cuando Hernani de Victor Hugo defin\u00eda el liberalismo en literatura. Sin embargo, para Garc\u00eda M\u00e9rou, el verdadero romanticismo argentino reci\u00e9n se consolidaba en 1880, cuando autores como Baudelaire, Poe y Hoffmann comenzaron a ser le\u00eddos y reinterpretados en clave local.<\/p>\n<p>La influencia de estos escritores alemanes y franceses marc\u00f3 una nueva sensibilidad en los j\u00f3venes porte\u00f1os. En el C\u00edrculo Cient\u00edfico Literario, figuras como Benigno Lugones, Jos\u00e9 Nicol\u00e1s Matienzo y Enrique Rivarola adoptaron pseud\u00f3nimos que evocaban la literatura alemana, mientras organizaban comidas literarias inspiradas en los <em>d\u00eeners litt\u00e9raires<\/em> parisinos. Estas reuniones, que mezclaban lecturas de autores europeos y discusiones est\u00e9ticas, eran parte de una bohemia que transform\u00f3 la sociabilidad literaria porte\u00f1a.<\/p>\n<h3>Entre el romanticismo y el esteticismo<\/h3>\n<p>El romanticismo tard\u00edo en Buenos Aires, seg\u00fan M\u00e9rou, se alejaba del tono solemne de Chateaubriand o Lamartine para acercarse al <em>artistisme<\/em> parisino de 1830, con Th\u00e9ophile Gautier y G\u00e9rard de Nerval como referentes. Este giro est\u00e9tico coincidi\u00f3 con la irrupci\u00f3n del pesimismo filos\u00f3fico de Schopenhauer y el naturalismo literario, que influir\u00edan en autores como Eugenio Cambaceres.<\/p>\n<p>En este contexto, el romanticismo dej\u00f3 de ser solo una etapa juvenil para convertirse en una exploraci\u00f3n del esteticismo y la paradoja. En los bodegones porte\u00f1os, j\u00f3venes escritores discut\u00edan exageraciones y teor\u00edas literarias que reflejaban el esp\u00edritu de una ciudad en transformaci\u00f3n. El Buenos Aires de Garc\u00eda M\u00e9rou y sus contempor\u00e1neos era, a la vez, escenario y protagonista de un cambio cultural que redefini\u00f3 la literatura argentina.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-690307\" src=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/ar_capital_rosario20250114.jpg\" width=\"700\" height=\"939\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/ar_capital_rosario20250114.jpg 700w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/ar_capital_rosario20250114-224x300.jpg 224w\" sizes=\"(max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-690308\" src=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/esquiu20250114.jpg\" width=\"700\" height=\"920\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/esquiu20250114.jpg 700w, 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