{"id":6720,"date":"2018-07-11T05:00:37","date_gmt":"2018-07-11T08:00:37","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=6720"},"modified":"2018-07-10T01:57:44","modified_gmt":"2018-07-10T04:57:44","slug":"ano-1910-georges-clemenceau-una-gran-ciudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/ano-1910-georges-clemenceau-una-gran-ciudad\/","title":{"rendered":"Clemenceau, en 1910, no lo duda: \u00abUna gran ciudad\u00bb."},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <figure id=\"attachment_6721\" aria-describedby=\"caption-attachment-6721\" style=\"width: 604px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/jockeyclub.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-6721\" src=\"http:\/\/diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/jockeyclub.jpg\" alt=\"Fiesta en los salones del Jockey Club\" width=\"604\" height=\"384\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/jockeyclub.jpg 281w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/jockeyclub-260x166.jpg 260w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/jockeyclub-160x102.jpg 160w\" sizes=\"(max-width: 604px) 100vw, 604px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-6721\" class=\"wp-caption-text\">Fiesta en los salones del Jockey Club<\/figcaption><\/figure>\n<p><em>Este relato de Georges Clemenceau puede llegar a ser una patada al h\u00edgado para muchos ac\u00e9rrimos defensores de la rica historia de la instituci\u00f3n m\u00e1s rancia de la aristocracia argentina y m\u00e1s en el mes de la Exposici\u00f3n Rural. Pero no nos podemos perder de presentar en forma exclusiva, como primicia para toda la red y como aporte de enriquecimiento, sin par\u00e1metros, al contenido de Diario 5, uno de los m\u00e1s esclarecedores documentos que dan por tierra que todos los extranjeros que ven\u00edan a Buenos Aires ca\u00edan rendidos a los pies del poder econ\u00f3mico de la oligarqu\u00eda argentina. De lo que no se priva el autor (viejo zorro franc\u00e9s experto en pol\u00edtica mayor) es de ironizar remarcando la riqueza de algunos poderosos argentos del tiempo del centenario. Una gran ciudad, de Clemenceau: Leemos y aprendemos. <\/em><\/p>\n<p><em>Carlos Allo<\/em><\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<figure id=\"attachment_605573\" aria-describedby=\"caption-attachment-605573\" style=\"width: 586px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-605573\" src=\"http:\/\/diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/frig_la_negra.jpg\" alt=\"Un s\u00edmbolo de una Argentina muy diferente.\" width=\"586\" height=\"384\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/frig_la_negra.jpg 305w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/frig_la_negra-300x197.jpg 300w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/frig_la_negra-260x170.jpg 260w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/frig_la_negra-160x105.jpg 160w\" sizes=\"(max-width: 586px) 100vw, 586px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-605573\" class=\"wp-caption-text\">Un s\u00edmbolo de una Argentina muy diferente.<\/figcaption><\/figure>\n<p>El matadero de la Negra, del que M. Carlos Luro (hijo de Francia) se ha dignado hacerme los honores, es un establecimiento modelo que no sacrifica menos de 1.200 bueyes por d\u00eda, sin hablar de los carneros y puercos. Es una fiel reproducci\u00f3n de los famosos mataderos de la Am\u00e9rica del Norte. Llegada a la extremidad de un corredor, donde queda inmovilizada, la res recibe en el testuz un golpe de maza, bajo el cual cae y se desliza sobre un plano inclinado, al final del cual se corta al animal la arteria car\u00f3tida; hecho esto, el cuerpo, enganchado a una vagoneta que marcha por un rail a\u00e9reo, sufre la serie de operaciones conocidas, cuyo \u00faltimo resultado es entregarlo en dos pedazos a las c\u00e1maras frigor\u00edficas, hasta su pr\u00f3xima partida para Inglaterra, gran mercado de las carnes argentinas.<\/p>\n<p>Un franc\u00e9s, el genial M. Thays, bien conocido de todos sus colegas de Europa, es el que tiene la direcci\u00f3n soberana de las plantaciones y de los parques de Buenos Aires. M. Thays, que sobresale en el arte franc\u00e9s del jard\u00edn, se complace en poner todos sus pensamientos y toda su vida al servicio de sus \u00e1rboles, de sus plantas y de sus flores, dispuesto siempre a defender contra todo detractor, lo cual es superfluo, la poblaci\u00f3n de Buenos Aires, no dejando escapar una ocaSi\u00f3n de atestiguarle su reconocimiento. \u00a1Gracias le sean dadas!<\/p>\n<p>El famoso paseo se anuncia noblemente en la Recoleta, donde las l\u00edneas de arquitectura sirven de marco armonioso alos c\u00e9spedes y bosques. Carruajes de una correcci\u00f3n brit\u00e1nica, soberbiamente atalajados y ruidosos autom\u00f3viles se cruzan a toda velocidad, Si no fuera por las espesuras de \u00e1rboles ex\u00f3ticos, nos creer\u00edamos en el bosque. Palermo se anuncia en belleza.<\/p>\n<p>\u00bfTengo necesidad de decir que todos los paseos p\u00fablicos y parques est\u00e1n superabundantemente adornados de esculturas y monumentos \u201cdecorativos\u201d en los que se puede ejercer la cr\u00edtica? Nada m\u00e1s natural, en una sociedad joven, que el deseo de suscitar a toda prisa hombres eminentes en todos los dominios. Sin embargo, las realizaciones de idealismo tienen necesidad, seg\u00fan parece, del s\u00f3lido fundamento de las cosas establecidas. En un pa\u00eds donde se mezclan todas las sangres de la latinidad, no dejar\u00e1 de florecer el arte. \u00c9ste se desprender\u00e1 de su ganga a medida que el gusto del p\u00fablico se purifique. Obras como las de M. Paul Groussac y como la curiosa novela de Enrique Rodr\u00edguez Larreta, el distinguido ministro de la Rep\u00fablica Argentina en Par\u00eds, atestiguan ya un desarrollo bastante hermoso de literatura a orillas del R\u00edo de la Plata.<\/p>\n<p>Para explicar tanto dinero amontonado y hasta arrojado por las ventanas, es preciso saber que todos los ingresos de los hip\u00f3dromos salvo un ligero descuento de la administraci\u00f3n\u2014 vienen al Jockey Club que los emplea con toda libertad. De aqu\u00ed la gran fortuna de la instituci\u00f3n que acaba de comprar en el m\u00e1s hermoso barrio de Buenos Aires, para la construcci\u00f3n de un palacio a\u00fan m\u00e1s grandioso, un terreno que no ha costado menos de 7 millones. He le\u00eddo en los peri\u00f3dicos que el Jockey Club se propon\u00eda ofrecer al gobierno el edificio que ocupa hoy en la calle Florida y donde se instalar\u00eda, seg\u00fan se Cree, el ministerio de Negocios Extranjeros. Ya ven ustedes que los ganaderos argentinos est\u00e1n bien forrados y que les va muy bien.<\/p>\n<p>El presidente del Jockey Club, se\u00f1or Benito Villanueva, es un senador, muy lanzado en el mundo de los negocios, cuyo arte en particular es el de reunir y fundir agradablemente las cualidades superlativas del <em>go ahead<\/em> norteamericano y las gracias de una urbanidad superior diluida en hombr\u00eda de bien europea. Entretiene relaciones constantes con todos los mundos de la capital, y, si no tiene parte en todos los negocios, podr\u00eda tenerla a su gusto. Personas que no le han haliado jam\u00e1s se complacen en designarle por su nombre de bautismo, y, como no hay dos \u201cBenito\u201d de esta estatura, nadie tiene lugar a extra\u00f1arse de ello. Grueso hasta la redondez, muy desprendido, sonriente y hasta con asomos d\u00edscretos de aristocracia moderna, es un manipulador de hombres que no vacila en hacer los sacrificios necesarios a los resultados. Peque\u00f1os ojos negros que hieren como una punta de acero me har\u00edan creer que no es bueno ser su enemigo. Como todo hombre mezclado en las luchas de la pol\u00edtica, tiene sin embargo sus adversarios, sobre todo cuando se presentan conflictos de intereses. Pero \u00e9l no se preocupa por estas peque\u00f1eces, Su estancia El Dorado, con cuadra de caballos de carrera, ganados de cr\u00eda, el Senado donde parece extremadamente asiduo y las empresas sin n\u00famero en que est\u00e1 metido (sin hablar de la administraci\u00f3n del Jockey), deben hacer de \u00e9l uno de los hombre m\u00e1s ocupados de Buenos Aires.<\/p>\n<p>Georges Clemenceau (Movilieron-en-Pareds, Vend\u00e9e, Francia, 1841-Paris, 1929). Pol\u00edtico radical franc\u00e9s apodado El Tigre cuando fue primer ministro durante la Gran Guerra. Su frase predilecta era <em>Je fais la guerre<\/em>. El texto incluido pertenece a Notas de viaje por la Am\u00e9rica del Sud (Buenos Aires, Hyspam\u00e9rica, 1985).<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este relato de Georges Clemenceau puede llegar a ser una patada al h\u00edgado para muchos ac\u00e9rrimos defensores de la rica historia de la instituci\u00f3n m\u00e1s rancia de la aristocracia argentina y m\u00e1s en el mes de la Exposici\u00f3n Rural. 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