{"id":617549,"date":"2020-03-28T21:34:38","date_gmt":"2020-03-29T00:34:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/?p=617549"},"modified":"2020-04-01T13:49:40","modified_gmt":"2020-04-01T16:49:40","slug":"para-los-italianos-una-generacion-se-va","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/para-los-italianos-una-generacion-se-va\/","title":{"rendered":"Los italianos sienten estar perdiendo una generaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignright\" src=\"http:\/\/diario5.com.ar\/img\/anziani-Lombardia.jpg\" width=\"685\" height=\"369\" \/>Lo destaca Giangiacomo Schiavi, del Corriere Della Sera, Milano, hoy. Italia pierde a sus ancianos. La semblanza de la situaci\u00f3n, que expresa Giangiacomo, comienza remarcando que hay mensajes de condolencia encomendados a las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos. Hace foco en los rostros de bares, iglesias y plazas que nunca se volver\u00e1n a ver. \u00abHay un mal oscuro que se desata sin piedad\u00bb.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h2>Coronavirus: ancianos, vidas y memoria. Una generaci\u00f3n de sombras se va<\/h2>\n<p>por Giangiacomo Schiavi<\/p>\n<p>Luigi, el carpintero. Marisa, la mondina. Don Luigi, el p\u00e1rroco. Carletto, el molinero. Mario, el ex deportado. Sandro, el panadero. Giovanni, el abogado. Michele, el genetista, Bruno, el alba\u00f1il. Ivana, la comadrona. Ellos murieron solos. Uniformado por edad y obituario. Sin rosario Enti\u00e9rrate r\u00e1pidamente. Gente com\u00fan Leones viejos Recuerdos hist\u00f3ricos Leyendas del pa\u00eds. Desafortunadamente para ellos, los a\u00f1os cuentan y pesan. \u00abHay un enemigo que elige sus objetivos siguiendo reglas que no entendemos\u00bb, escribe Carlo Orlandini, de 92 a\u00f1os, para recordar a su esposa Mariella. \u00abEs triste decir adi\u00f3s despu\u00e9s de 64 a\u00f1os de matrimonio. \u00bfC\u00f3mo renuncias al abrazo, una misa, la comodidad de estar con tus seres queridos? \u00ab.<\/p>\n<p>Una Generaci\u00f3n se va<br \/>\nLa peque\u00f1a gran Italia queda hu\u00e9rfana de vidas e historias: con el coronavirus, una generaci\u00f3n de personas mayores se va, silenciosa, silenciosa, sin que suenen las campanas. \u00abExtra\u00f1aba el afecto de sus seres queridos\u00bb, dice la f\u00f3rmula ritual de las p\u00e1ginas al pie de los peri\u00f3dicos. \u00abHola Lido, nunca pens\u00e9 en saludarte as\u00ed\u00bb, escriben los familiares de Luigi Mazzocchi, de 89 a\u00f1os, de Piacenza. \u00abFuiste nuestro profeta\u00bb, 81 amigos de Sandro Battaglia, una vida entre pan y focaccia en San Giorgio Piacentino, dijeron: hasta ayer era el resumen vivo de toda una comunidad. Maldito coronavirus. Giovanni Bana, 83, gran abogado y gran se\u00f1or, hace veinte d\u00edas hab\u00eda compartido un mensaje con el coraje habitual: \u00abNervios firmes, no debemos tener miedo\u00bb. El s\u00e1bado por la ma\u00f1ana bajo su nombre hab\u00eda seis columnas de obituarios en el \u00abCorriere\u00bb. Giovanni Bertocchi, de 82 a\u00f1os, en Selvino lo llam\u00f3 \u00abDuce\u00bb. Cero alusiones pol\u00edticas, solo ten\u00eda una pasi\u00f3n dictatorial por Mil\u00e1n: el otro virus, m\u00e1s feroz y m\u00e1s cruel, se lo llev\u00f3. En pocos d\u00edas, los anuncios funerarios en el \u00abEco di Bergamo\u00bb llegaron a doce p\u00e1ginas. El del jubilado Mario Riva, de ochenta a\u00f1os, es uno de los pocos que sali\u00f3 del ritual. Los miembros de la familia dicen que est\u00e1n \u00abconmocionados por el ataque de un mal oscuro que se desata sin piedad\u00bb. Es as\u00ed: para los ancianos en estos d\u00edas infinitos no hay piedad.<\/p>\n<p>Dolor y soledad<br \/>\nLuego, en las ciudades, todos se conocen, la plaza, el bar, la iglesia, el m\u00e9dico &#8230; En Codogno todos amaban al Comandante Umberto Falchetti, 86 a\u00f1os de energ\u00eda y vitalidad. Conduc\u00eda con autos antiguos, era el due\u00f1o de la MTA, seiscientos empleados, ocho sucursales en el extranjero, la \u00fanica f\u00e1brica en la zona roja autorizada para abrir despu\u00e9s de la alarma de coronavirus. Muri\u00f3 solo en el hospital de Cremona. El hermano s\u00f3lo lo pein\u00f3 un poco. Un saludo virtual fue dado a sus empleados cuando el coche f\u00fanebre pas\u00f3 la f\u00e1brica. Se dice que son personas mayores fr\u00e1giles con enfermedades concomitantes. Pero Ottavio Pettenati, 83 a\u00f1os elegantemente tra\u00eddo, farmac\u00e9utico hist\u00f3rico de Piazza Libert\u00e0 en Cremona, no fue as\u00ed. El s\u00e1bado por la noche logr\u00f3 saludar a su hija Francesca y a su sobrino Nicola a trav\u00e9s de Skype. Luego \u00e9l tambi\u00e9n, sin misa y sin procesi\u00f3n. La esposa est\u00e1 hospitalizada en una sala de Covid.<\/p>\n<p>Memorial<br \/>\nLas estad\u00edsticas son despiadadas para los ancianos. En Gropello Cairoli, los c\u00f3nyuges de Gorini, \u00e9l 82 y ella 84, se fueron sin saludar, tambi\u00e9n divididos en hospitalizaci\u00f3n en el departamento de enfermedades infecciosas de Pav\u00eda. La hija, aislada en su casa, dict\u00f3 el obituario a la provincia de Pavese. Alguien dijo que se necesitar\u00eda un monumento para transformar este tiempo perdido en un tiempo redescubierto. La despedida de Mario Cristalli, nacido en 1917, en Piacenza, ha dejado un vac\u00edo. Fue el \u00faltimo deportado de los campos de concentraci\u00f3n, testigo de los horrores de la guerra. A pesar de la edad, que nunca faltaron a una elecci\u00f3n, escribieron en \u00abLibert\u00e0\u00bb, el peri\u00f3dico que tuvo que aumentar la foliaci\u00f3n para dejar espacio a los obituarios. Luego est\u00e1n los que ni siquiera ten\u00edan una flor en el cementerio. Don Giovanni Boselli, 87, sacerdote durante cincuenta a\u00f1os del santuario Piacenza de la Virgen del Pilastro, fue llevado cuatro d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de su hermano gemelo. Mismo diagn\u00f3stico: coronavirus. Los sacerdotes ancianos, en esta tragedia, mueren a\u00fan m\u00e1s solos.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo destaca Giangiacomo Schiavi, del Corriere Della Sera, Milano, hoy. Italia pierde a sus ancianos. La semblanza de la situaci\u00f3n, que expresa Giangiacomo, comienza remarcando que hay mensajes de condolencia encomendados a las p\u00e1ginas de los peri\u00f3dicos. 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