{"id":605712,"date":"2018-07-22T20:51:12","date_gmt":"2018-07-22T23:51:12","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=605712"},"modified":"2021-02-04T15:17:49","modified_gmt":"2021-02-04T18:17:49","slug":"el-juez-rafecas-proceso-a-policias-de-coordinacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/el-juez-rafecas-proceso-a-policias-de-coordinacion\/","title":{"rendered":"Coordinaci\u00f3n Federal, un piso m\u00e1s en los infiernos del Dante"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <p>Se los llamaba \u00abCordinetas\u00bb. Eran, sin lugar a la m\u00e1s m\u00ednima duda, los hombres que m\u00e1s poder se atribuyeron en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, incluyendo la asquerosa actitud de adue\u00f1arse de los derechos de ciudadan\u00eda de quienes ten\u00edan enfrente y una que los hac\u00eda superlativamente aborrecibles: se sent\u00edan controladores de la posible supervivencia o no de un detenido. Identificarlos como <em>porciones de mierda,<\/em>\u00a0no alcanza a ser una descripci\u00f3n lo suficientemente acorde con su ultrabajeza.<\/p>\n<p>Dominaban la Ciudad de Buenos Aires y la recorr\u00edan con aut\u00e9ntica \u00abLicencia Bond\u00bb. No era necesario que, al encontrarse con cualquier persona -especialmente, j\u00f3venes, eventuales presas por las que se babeaban generando la ensordecedora percusi\u00f3n del destrabe de sus cobardes armas- fueran militante de alguna agrupaci\u00f3n pol\u00edtica que pudiese significar la expansi\u00f3n del c\u00e1ncer que corromper\u00eda el sistema al que ellos respond\u00edan como fieles esclavos aut\u00f3matas: con que fueran pelilargos y con rasgos de sentirse atractivos por algunas de las pautas que en los 70s implicaban estar del lados de algunas libertades, estos machotes con itaka y mariquitas cuando estaban desarmados,\u00a0 eran capaces de atacar a un ciudadano veintea\u00f1ero, universitario u obrero y llegar hasta cualquier consecuencia criminal, llevarse la medalla del \u00abme cargu\u00e9 uno\u00bb y luego contar su haza\u00f1a a sus\u00a0esterc\u00f3licos compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Osmar Lecumberry (1958 &#8211; 2006) fot\u00f3grafo free lance en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, fue atrapado por una manada de marinos infrahumanos identificada como Grupo de tareas, a fines de 1978. Osmar era un chico amante del rock, que acostumbraba agarrar una guitarra en casa de sus amigos y tocar algunos riffs que hab\u00eda aprendido de su \u00abprimo\u00bb Carlos (el v\u00ednculo no era sangu\u00edneo pero a ambos les compac\u00eda identificarse como parientes). Carlos era (de verdad), primo de Daniel Echeverr\u00eda, quien cay\u00f3 en la redada con Osmar en la calle 24 de noviembre, aquella fat\u00eddica madrugada del 18 de noviembre.<\/p>\n<p>Lecumberry fue uno de los pocos casos de desaparecidos reaparecidos. Fue liberado de la ESMA en marzo de 1980. Nada de acomodos con militares amigos, nada de cercan\u00eda con empresarios que triangularan tal gesti\u00f3n, ninguna de las l\u00f3gicas estrategias de recursos para obtener su libertad por parte de sus allegados. Su madre, no ten\u00eda ni noci\u00f3n de lo que estaba sucediendo con la persecuci\u00f3n de militantes en el pa\u00eds, del mismo modo en que la inmensa mayor\u00eda de los argentinos se encontraba en ese desconocimiento, cuando su hijo se ausent\u00f3 dela noche a la ma\u00f1ana de su\u00a0vivienda de la calle Rinc\u00f3n y Alsina. Osmar fue liberado por una combinaci\u00f3n de circunstancias m\u00faltiples que jugaron, muy enhorabuena, a su favor y por las que ya no es v\u00e1lido especular, ya que todos los detenidos desaparecidos de la Argentina debieron haber sido puestos en libertad como Lecumberry pero no corrieron la misma suerte.<\/p>\n<p>El tema es que Osmar Alberto Lecumberry los conoci\u00f3 de cerca, los trat\u00f3, en gran medida convivi\u00f3 con muchos de ellos y les capt\u00f3, primero,\u00a0 sus man\u00edas y, luego, algunas de sus vulnerabilidades. Eran -al despojarse de sus armas y sus corazas- altamente inseguros, ignorantes, titubeantes, desorganizados y olvidadizos. Buena parte de los contravalores que Osmar les observaba, no se condec\u00edan con la personalidad que se pretende forjar en cualquier oficial de las Fuerzas Armadas.<\/p>\n<p>Lecumberry trabajaba como empleado de ventas en una tienda de indumentaria de la Av. Corrientes, en el barrio del Once y sus \u00abviejos amigos\u00bb lo iban a \u00abvisitar\u00bb. Lo hicieron desde el principio de etapa de libertad, siempre dej\u00e1ndole en claro que lo vivido por \u00e9l deb\u00eda quedar dilu\u00eddo en su lengua antes de intentar hacer alg\u00fan tipo de declaraci\u00f3n p\u00fablica que los perjudicara en su objetivo hip\u00f3crita de impunidad.\u00a0Sin embargo, las burlescas miradas de Osmar Lecumberry acerca de la personalidad de sus secuestradores con chapa del Estado Nacional, quedaron confirmadas y a la vista de varias personas, cuando, a principios de 1984, la visita que recibi\u00f3 cambi\u00f3 notablemente de tenor: la misma soberbia de siempre pero con agregadito: \u00ab&#8230;Mir\u00e1 que tengo pibes chicos, eh!\u00bb. Algunas veces, (no demasiadas) encuentro que insultar a algunas personas, no cubre la necesidad de descarga personal ni decribe al susodicho como verdaderamente se merece. Tal el caso.<\/p>\n<p>Los marineritos que se llevaron a Lecumberry y los polic\u00edas que mataron a los tres militantes en Coordinaci\u00f3n Federal, all\u00e1 en Flores respond\u00edan -cada uno en su puesto- a mandos diferentes que persegu\u00edna un mismo plan y por el que estas ratitas de experimento, respond\u00edan a sangre y fuego sin la m\u00e1s m\u00ednima capacidad de comprender por qu\u00e9 lo hac\u00edan, ya que s\u00f3lo tomaban a consideraci\u00f3n el sueldito les deparaba llevar un uniforme, de tal manera que, si hab\u00eda que matar a compatriotas por cuestiones ideol\u00f3gicas, ya que eran simpatizantes de guerrilleros, pues, se los mataba. Y si enganch\u00e1bamos amigos de ellos, pues qu\u00e9vac\u00e9, se\u00f1ora, le tengo que matar a su hijo por sus malas compan\u00edas y peligrosas influencias.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda del soretaje que puso la mano de obra criminal en los tiempos en que el Estado se transform\u00f3 en criminal, zafaron por una ley que evit\u00f3 que se los juzgara. Sin embargo y afortunadamente, una inmensa cantidad de estos aut\u00f3matas -inservibles para cualquier trabajo productivo-\u00a0pudo caer en manos de la justicia por casos especiales (la apropiaci\u00f3n de beb\u00e9s) o por buenas gestiones jur\u00eddicas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se los llamaba \u00abCordinetas\u00bb. 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