{"id":5953,"date":"2016-04-24T03:18:46","date_gmt":"2016-04-24T06:18:46","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=5953"},"modified":"2016-04-21T19:55:44","modified_gmt":"2016-04-21T22:55:44","slug":"1850-xavier-marmier-ciudad-de-oriente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/1850-xavier-marmier-ciudad-de-oriente\/","title":{"rendered":"1850 &#8211; Xavier Marmier &#8211; Ciudad de Oriente"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <p><em><a href=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-5955 alignleft\" src=\"http:\/\/diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01.jpg\" alt=\"buenosaires01\" width=\"480\" height=\"336\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01.jpg 600w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01-300x210.jpg 300w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01-400x280.jpg 400w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01-260x182.jpg 260w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/buenosaires01-160x112.jpg 160w\" sizes=\"(max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/a>La singular narraci\u00f3n de Marmier rescatada por \u00c1lvaro Ab\u00f3s en el Libro de Buenos Aires y que revivmos en forma exclusiva para Diario 5, no es apta para \u201cfeministas retroactivos\/as\u201d. Es que va de lleno al coraz\u00f3n de la cultura femenina argentina forjada desde los tiempos de la colonia y de la que a\u00fan no fueron desprendidas todas las amarras y todos los arneses. Leamos. Peque\u00f1o comentario al cierre.<\/em><\/p>\n<p>Seg\u00fan me aproximo, la ciudad aparece a mi vista de modo muy singular y me hace pensar en las ciudades de Oriente, con sus casas blancas y grises de techos planos y sus c\u00fapulas redondas. Pero este cuadro, bastante pintoresco, parece de segundo plano; no se ven bosques ni colinas; s\u00f3lo una prolongada l\u00ednea de edificios que, elev\u00e1ndose a una altura de algunos pies sobre el nivel del agua, corta el horizonte. M\u00e1s all\u00e1, no hay nada sino la llanura, que no se percibe, la inmensa pampa solitaria que se desenvuelve con triste uniformidad hasta el pie de los Andes. Nada m\u00e1s gracioso, por otra parte, que el acogimiento expansivo, propio de las porte\u00f1as. Se acercan y tienden la mano, desde la primera visita, con las palabras m\u00e1s afectuosas: -\u201cSe\u00f1or, mucho gusto de ver a usted. Esta casa est\u00e1 a su disposici\u00f3n. Le quedaremos muy agradecidos si quiere venir a visitarnos con frecuencia\u201d. Terminados estos cumplimientos, sirven el mate y la bombilla que uno pone entre los labios, pasa sucesivamente de boca en boca. Hay en el abandono y en la franqueza de las gentes del pa\u00eds, costumbres m\u00e1s singulares todav\u00eda. Por ejemplo: a la segunda o tercera visita que se hace a una familia argentina, se dar\u00e1 el caso de que una se\u00f1orita corte con sus dedos un trozo de bizcochuelo con la mano, para ofrecerlo en la mano y sin ninguna ceremonia, al visitante. Otra se\u00f1orita, para cerciorarse de que el t\u00e9 que ayuno le han servido bastante az\u00facar, meter\u00e1 su cuchara en la taza para probarlo, despu\u00e9s de haber probado el suyo. En la mesa, mientras los hombres proponen, a la manera inglesa, beber con ellos un vaso de vino Madeira, la due\u00f1a de casa, o una de sus hijas, pincha un bocado escogido de su plato y se lo manda al hu\u00e9sped con la sirvienta, en la punta del tenedor. Y esta gentileza no puede rehusarse a riesgo de pasar por un hombre muy mal educado. Es claro que viniendo de dos manecitas blancas y de labios rosados, no hay dificultad en aceptar estas gentilezas argentinas. Pero hay ciertos casos&#8230; Sea como sea, es una ley del pa\u00eds y todo viajero queda sometido a las leyes del pa\u00eds que visita&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;El mismo esp\u00edritu de uniformidad que ha regulado el ancho de las calles, preside la construcci\u00f3n de las casas. Casi todas han sido edificadas sobre el mismo plano: un piso bajo con ventanas de hierro que dan sobre la calle; en la parte del frente generalmente un comercio, adentro un patio cuadrado al que se abren los departamentos interiores; luego un zagu\u00e1n; a veces, un segundo y un tercer patio. Estas series de patios, sombreados por parrales y \u00e1rboles, forman un conjunto delicioso; sustra\u00eddo a los ruidos de la calle, iluminados por un cielo hermoso y cubiertos de flores, son dignos del retiro de un poeta. Cada una de estas casas tiene su azotea donde, al atardecer, brillan constelaciones que har\u00edan eclipsar a la cabellera de Berenice. Muchos j\u00f3venes astr\u00f3nomos, apasionados por el estudio de esas estrellas que lucen entre dos crenchas de cabellos negros cubiertas por una mantilla de encaje, suben tambi\u00e9n a las azoteas. Yo no sabr\u00eda decir lo que all\u00ed ocurre entre los astros vivientes y sus adoradores. Lo ignoro, porque nunca tuve ocasi\u00f3n de llegar a las el\u00edseas umbr\u00edas de la ciudad argentina. (&#8230;)<br \/>\nLas porte\u00f1as, sin excepci\u00f3n alguna, hasta las m\u00e1s afables y de apariencia m\u00e1s fr\u00edvola, no tienen m\u00e1s que un so1o objetivo, del que no se desviar\u00e1n jam\u00e1s: el casamiento. Todas sus gracias naturales, as\u00ed como sus dones adquiridos, deben ejercitarse para llegar lo m\u00e1s pronto posible al santo sacramento, que es su m\u00e1xima esperanza. Las tareas enormes que se imponen algunas, como la de aprender a balbucir el franc\u00e9s o el ingl\u00e9s, a deletrear un cuaderno de m\u00fasica, a dibujar una flor, todas est\u00e1n destinadas a adquirir superioridad sobre sus rivales para obtener m\u00e1s pronto la corona nupcial. Esta continua preocupaci\u00f3n hace de cada hogar argentino que tiene j\u00f3venes casaderas, una especie de claro en el bosque, donde las Dianas estuvieran acechando de continuo. \u00a1Ay del p\u00e1jaro vagabundo y temerario que se detenga cerca de ellas! Cada rayo de sus ojos es una flecha, cada sonrisa de aquellas bocas bermejas, cada bucle de cabellos, es un lazo&#8230;<br \/>\nEl extranjero presentado en la sociedad argentina con el feliz privilegio de soltero, puede estar seguro de ser muy pronto el objeto de tramas ingeniosas y de tiernas conspiraciones. Y si en un c\u00edrculo de familia, aparenta cierta inclinaci\u00f3n por una de varias hermanas que secretamente experimentan pretensiones por \u00e9l, de inmediato se establece un t\u00e1cito acuerdo y todas ellas se unen para secundar en su campa\u00f1a matrimonial a la que parece contar con m\u00e1s probabilidades de \u00e9xito. Aparte el afecto natural que debe de llevarlas a desear el triunfo de la hermana, media otro motivo de inter\u00e9s. Casada ella, desaparece un rival y en la v\u00edspera de la boda, las hermanas heredan sus chales, vestidos y collares. Si con todos sus proyectos de libertad, el viajero cae alg\u00fan d\u00eda en esta red de conspiraciones, no creo que le llegue el momento de arrepentirse.<\/p>\n<p>Xavier Marmier. El texto reproducido pertenece a Buenos Aires y Montevideo en 1850. Traducci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Busaniche. Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1948.<\/p>\n<p><em>Aparte, si bien, por un lado, al momento de analizar la manera porte\u00f1a de recibir a invitados, nos remarca algunas diferencias que para un europeos de aquellos tiempos pod\u00eda ser una flaqueza de higiene (convidar una torta en un pasamano), por el otro podemos tomarlo como un exagerado, ya que sabemos que lo que para \u00e9l podr\u00eda ser condenable (lo decimos como una exageraci\u00f3n nuestra: no, no llega ni m\u00ednimamente a plantearlo) para nosotros pudo ser la base de una idiosincrasia de mucha intimidad, de mucha uni\u00f3n.<\/em><br \/>\nCarlos Allo<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La singular narraci\u00f3n de Marmier rescatada por \u00c1lvaro Ab\u00f3s en el Libro de Buenos Aires y que revivmos en forma exclusiva para Diario 5, no es apta para \u201cfeministas retroactivos\/as\u201d. 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