{"id":3572,"date":"2015-05-10T05:27:12","date_gmt":"2015-05-10T08:27:12","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=3572"},"modified":"2015-07-26T18:50:13","modified_gmt":"2015-07-26T21:50:13","slug":"alexander-gillespie-1807-reuniones-familiares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/alexander-gillespie-1807-reuniones-familiares\/","title":{"rendered":"Alexander Gillespie &#8211; 1807 &#8211; Reuniones familiares"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <div id=\"rg_h\" data-initialized=\"1\">\n<div id=\"rg_hc\">\n<div><a id=\"rg_hl\" href=\"http:\/\/www.google.com.ar\/imgres?hl=es&amp;biw=800&amp;bih=403&amp;tbm=isch&amp;tbnid=WZ9zk3jqltbFMM:&amp;imgrefurl=http:\/\/blog.londonconnection.com\/category\/how-to-london-activities\/&amp;docid=lrpHrr33QqYvRM&amp;imgurl=http:\/\/blog.londonconnection.com\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/Victoria-family-Portrait.jpg&amp;w=590&amp;h=420&amp;ei=KtyiUOmGMJLu8AS4tIGADw&amp;zoom=1&amp;iact=hc&amp;vpx=61&amp;vpy=79&amp;dur=828&amp;hovh=189&amp;hovw=266&amp;tx=128&amp;ty=151&amp;sig=100726576651819212895&amp;page=1&amp;tbnh=92&amp;tbnw=112&amp;start=0&amp;ndsp=12&amp;ved=1t:429,r:0,s:0,i:65\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" id=\"rg_hi\" class=\"alignright\" src=\"https:\/\/encrypted-tbn3.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcQv8iOvI2Fx3GyRmK8vpA3cpL0QMVFZKrJ3O0kGEuOLS0qjpAO4\" alt=\"\" width=\"266\" height=\"189\" data-width=\"266\" data-height=\"189\" \/><\/a><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>La reveladora cr\u00f3nica de\u00a0Alexander Gillespie,\u00a0<em>Reuniones familiares,<\/em> habla de la Buenos Aires de 1807. Varado en la lejana tierra sudamericana tras las caprichosas invasiones inglesas, el mayor del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s, Alexander Gillespie, vivi\u00f3 algunas situaciones que lo llevaron a recordar la vida de aquella Buenos Aires.<\/p>\n<p>Era invierno cuando nos adue\u00f1amos de Buenos Aires;<\/p>\n<p>durante esa estaci\u00f3n Se daban tertulias o bailes todas las noches en una u otra casa. All\u00ed acud\u00edan todas las ni\u00f1as del barrio, sin ceremonia, envueltas en sus largos mantos y cuando no estaban comprometidas, se apretaban juntas, aparentemente para calentarse, en un sof\u00e1 largo, pues no hab\u00eda chimeneas y se utilizaba el fuego solamente con fr\u00edo extremo, tray\u00e9ndose al cuarto en un brasero, que se Coloca Cerca de los pies y entonces ning\u00fan extranjero deja de sufrir jaqueca por los vapores del carb\u00f3n.<\/p>\n<p>No se ofrec\u00edan refrescos en estas ocasiones, a las que unos pocos eran especialmente invitados y donde todos, aun los ligeramente presentados, eran bienvenidos. Los valses estaban en boga y la m\u00fasica era de piano acompa\u00f1ado con guitarra, que todos los rangos tocaban. Ninguna otra matrona, a no ser la de casa, estaba presente, quien era su \u00fanica protectora y todos se iban a las diez. Cuando cualquiera del clero entraba, se produc\u00eda una reserva general y tan cohibidas estaban las damas por un sentimiento transitorio de decoro y de servil fanatismo, que exclusivamente se dirig\u00edan a \u00e9l durante su estada. Hab\u00eda algunos literatos y caballeros entre el clero secular, pero la pluralidad que vimos tenia mejores disposiciones para agentes del diablo, por su ignorancia, sus vicios e iliberalidad, que para escogidos espirituales en la propagaci\u00f3n de las verdades sagradas de su vocaci\u00f3n cristiana y sus generosos preceptos.<\/p>\n<p>La m\u00fasica era te\u00f1ida como una perfecci\u00f3n preeminente y no se ahorraban gastos con ese fin, sea en instrumentos o composici\u00f3n. Estos art\u00edculos siempre tendr\u00e1n venia vn Aires, pues tienen una debilidad por ambos, cuando son de manufactura inglesa.<\/p>\n<p>Como en todos los pa\u00edses lindantes con un estado natural, la poes\u00eda parece el genio conductor de las clases inferiores en esta parte de la Am\u00e9rica del Sur, pues al ped\u00edrsele a cualquiera que toque la guitarra, siempre la adaptar\u00e1 a estrofas improvisadas Y convenientes, con gran facilidad.<\/p>\n<p>Los jefes de familia demostraban su gran bondad hacia nosotros, por sus ofrecimientos de dinero y de todas las comodidades, pero siempre hab\u00eda una reserva visible en ellos y un descontento evidente en la enunciaci\u00f3n de cualquier terna pol\u00edtico O religioso, que necesariamente chocaban con sus nociones. Los que presum\u00edan espetarlos, muy pronto se percataban de una enajenaci\u00f3n de su favor Y de sus maneras cordiales y algunos ingleses que as\u00ed se hab\u00edan conducido, dejaron de ser visitantes bienvenidos.<\/p>\n<p>Un d\u00eda recib\u00ed invitaci\u00f3n para una Comida de un Capit\u00e1n de ingenieros, cuyos detalles describir\u00e1 como probablemente demostrativos de las Costumbres generales en Ocasiones de Ceremonia. Todos los que se sentaron a una mesa muy larga, profusamente tendida, fueron tres: su esposa, el capit\u00e1n Belgrano y yo. No hab\u00eda sirvientes presentes en ning\u00fan tiempo, excepto cuando entraban o sacaban los Servicios, que Consistieron en veinticuatro manjares: primero sopa Y Caldo y sucesivamente patos, pavos y todas las cosas que se produc\u00edan en el pa\u00eds, con una gran fuente de pescado al final y\u00a0fuimos servidos durante la Comida por Cuatro de sus parientes m\u00e1s cercanos, que nunca se sentaban. Los vinos de San Juan y Mendoza se hicieron circular libremente y mientras goz\u00e1bamos de nuestros Cigarros, la due\u00f1a de Casa con otras dos damas que entraron, nos divirtieron con algunos lindos aires ingleses y espa\u00f1oles en la guitarra, acompa\u00f1ados por esas voces femeninas. Comimos a las dos y la compa\u00f1\u00eda se deshizo, para su siesta, a las cuatro.<\/p>\n<p><em> Alexander Gillespie. Mayor del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s que invadi\u00f3 Buenos Aires en 1806. Estuvo prisionero en San Antonio de Areco y Calamuchita. En 1818 escribi\u00f3 sus memorias traducidas al castellano en 1921 por La Cultura Argentina, Buenos Aires, con el t\u00edtulo de Buenos Aires y el interior. Observaciones reunidas durante una larga residencia.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La reveladora cr\u00f3nica de\u00a0Alexander Gillespie,\u00a0Reuniones familiares, habla de la Buenos Aires de 1807. 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