{"id":3554,"date":"2015-07-28T22:11:02","date_gmt":"2015-07-29T01:11:02","guid":{"rendered":"http:\/\/diario5.com.ar\/?p=3554"},"modified":"2015-07-28T16:18:57","modified_gmt":"2015-07-28T19:18:57","slug":"jose-antonio-wilde-1820-patrullas-y-cadaveres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/jose-antonio-wilde-1820-patrullas-y-cadaveres\/","title":{"rendered":"Jose Antonio Wilde &#8211; 1820 &#8211; Patrullas y cad\u00e1veres"},"content":{"rendered":"<h2 class=\"sub-title-primary\"><\/h2> <ol id=\"rso\"><\/ol>\n<p><a href=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1820_milicos.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-6454 alignleft\" src=\"http:\/\/diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1820_milicos.jpg\" alt=\"1820_milicos\" width=\"421\" height=\"321\" srcset=\"https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1820_milicos.jpg 257w, https:\/\/www.diario5.com.ar\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1820_milicos-160x122.jpg 160w\" sizes=\"(max-width: 421px) 100vw, 421px\" \/><\/a>Delicias cuyas lecturas valen la pena y estamos dispuestos a seguir ofreci\u00e9ndolas en el apartado\u00a0\u00abEl Libro\u00bb de la Secci\u00f3n Cultura de Diario 5. Esta cr\u00f3nica de Jos\u00e9 Antonio Wilde, surgida del Libro de Buenos Aires (recopilaci\u00f3n de \u00c1lvaro Ab\u00f3s) es, definitivamente, un rengl\u00f3n de estad\u00edstica para la curvatura de crecimiento del delito enla Ciudadde Buenos Aires, el gran Buenos Aires y la Argentina toda. Habla claramente de las categor\u00edas de cr\u00edmenes que se cometen en los tiempos en los que le toc\u00f3 vivir, bien diferenciados de otros, a los que \u00e9l hace referencia (1820). Por un lado, toma partido sin eufemismos a favor de Bernardino Rivadavia. Y en otro aspecto expresa algunos escepticismos con las acciones de la \u00e9poca contra la inseguiridad<\/p>\n<p>En aquellos tiempos no hab\u00eda vigilantes apostados en las bocacalles; el servicio de polic\u00eda, en la noche, se hac\u00eda por medio de patrullas encabezadas por un alcalde, un teniente alcalde o alg\u00fan vecino. Todos los hombres estaban obligados a hacer la patrulla cuando llegaba su turno o a poner un personero que costaba, generalmente, de 20 a 30 centavos.<\/p>\n<p>Casi excusado parece decir que eso se convert\u00eda (Como todo es susceptible de convertirse) en negocio y que las citaciones se menudeaban para con aquellos que pod\u00edan pagar. Muchas veces estas patrullas prestaban buenos servicios, impidiendo peleas, llevando a la polic\u00eda ebrios o mal entretenidos; pero algunas ganaban un baile y no sal\u00edan sino cuando amanec\u00eda, hora en que deb\u00eda terminar su tarea. Durante la noche empleaban la siguiente f\u00f3rmula: Cuando llegaba Cierta hora y ve\u00edan gente, el Comandante de la patrulla daba la voz: \u201c\u00bfQui\u00e9n vive?\u201d La contestaci\u00f3n, de la que la poblaci\u00f3n estaba al Corriente, era: \u201cLa Patria\u201d. \u201c\u00bfQu\u00e9 gente?\u201d. \u201cPatrul1a\u201d. \u201cHaga alto la patrulla y avance el Comandante a rendir santo y se\u00f1a\u201d. Entonces, ambas patrullas hac\u00edan alto, los comandantes avanzaban algunos pasos a vanguardia de su respectiva comitiva, Y si uno dec\u00eda en voz baja el \u201csanto\u201d y el otro contestaba la \u201cse\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>Si en vez de patrulla era uno o m\u00e1s individuos, al \u201c\u00bfqui\u00e9n vive?\u201d, se contestaba: \u201cLa patria\u201d, al \u201c\u00bfqu\u00e9 gente?\u201d, \u201cpaisano\u201d, \u201cmilitar\u201d o lo que fuese y como es de suponer en este caso, no hab\u00eda ni santo ni se\u00f1a.<\/p>\n<p>En estas patrullas iban, ya por tocarles el turno, o como personeros por los 20 centavos, algunos vejetes que podr\u00edan derribarse de un soplido, armados, uno de un machete o un lat\u00f3n, otro de un fusil de chispa, tal vez sin gatillo.<br \/>\nLa verdad es que la vigilancia armada no era tan necesaria como ha llegado a serlo despu\u00e9s; los cr\u00edmenes de toda Clase eran infinitamente menos numerosos<\/p>\n<p>No queremos decir que absolutamente no se comet\u00eda alguno; pero lo cierto es que eran rar\u00edsimos; los robos y los asesinatos premeditados, excepcionales: la mayor parte de las muertes violentas resultaban de peleas. Entre los Cr\u00edmenes cometidos recordaremos el siguiente: Creemos que fue en 1824, un genov\u00e9s, Misereti (ignoramos si era nombre o apodo), que tenia hojalater\u00eda, del Colegio media Cuadra para el r\u00edo, fue b\u00e1rbaramente asesinado por dos negros de su servicio. \u00c9stos fueron fusilados en la plaza del Retiro y un muchacho c\u00f3mplice se salv\u00f3 de la \u00faltima pena por su poca edad, pero se le oblig\u00f3 a presenciar la ejecuci\u00f3n (&#8230;)<\/p>\n<p>Preciso es confesado; ten\u00edamos una mancha negra; el uso del cuchillo. En la clase baja, tanto en la ciudad como en la campa\u00f1a, en la m\u00e1s trivial contienda, a un dos por tres sal\u00edan a brillar los cuchillos, dagas O facones; los Casos, pues, de heridas en pelea eran casi diarios y frecuentes los de muerte.<\/p>\n<p>Durante la sabia administraci\u00f3n de Rivadavia, debido a la prohibici\u00f3n de cargar cuchillo, los casos fueron algo menos repetidos y no se o\u00eda jam\u00e1s de los Cr\u00edmenes atroces que hoy diariamente registra la prensa, en que aparecen familias enteras asesinadas, mujeres y Criaturas, hasta en brazos, b\u00e1rbaramente degolladas. Con placer declaramos, sin embargo, que hace alg\u00fan tiempo que no se repiten estas horribles escenas; mucho puede haber influido, la presencia de la polic\u00eda rural en la campa\u00f1a; sin embargo, siguen los robos en toda escala, con profusi\u00f3n. (&#8230;)<\/p>\n<p>est\u00e1n los jueces de paz de de enviar a criminales famosos que deb\u00edan cuatro, cinco o m\u00e1s y de verlos cuatro o seis d\u00edas despu\u00e9s, pase\u00e1ndose en su partido con toda desfachatez y como desafiando su autoridad. \u00bfQu\u00e9 es lo que ha pasado? Es muy f\u00e1cil de explicar. Ha llegado el reo a la ciudad con un formidable proceso; el empe\u00f1o de alg\u00fan magnate y hete aqu\u00ed puesto en libertad al asesino, que Vuelve a Continuar en su camino de cr\u00edmenes y a burlar la autoridad que hab\u00eda cumplido con su deber y a quien no le queda gana de volverlo a cumplir.<\/p>\n<p>Cuando no ha mediado este empe\u00f1o, Viene la inmoral y degradante medida de convertir al presidiario, al feroz asesino, en soldado de l\u00ednea, deshonrando al Ej\u00e9rcito Y facilitando la evasi\u00f3n del Criminal. \u201cEste hecho solo -dice el doctor Quesada refiri\u00e9ndose a esta medida-, formar\u00eda el proceso y deshonra de una administraci\u00f3n que fuese verdaderamente libre\u201d; y a fe, que tiene raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Las reflexiones que han surgido nos han hecho detener demasiado al hablar de las patrullas.<\/p>\n<p>Era costumbre poner en exhibici\u00f3n, bajo los portales del Cabildo, el cad\u00e1ver de alguien que se hubiese encontrado muerto en las Calles, sin duda con el objeto de que fuese reconocido y reclamado por sus deudos. No era raro ver al lado del Cad\u00e1ver un platillo destinado a recolectar limosna para ayudar a sepultarlo, O para velas o una misa (. . .)<\/p>\n<p>La generalidad de los cuerpos exhibidos eran por peleas, accidentes casuales o muertes repentinas; porque, lo repetimos, hasta entonces, est\u00e1bamos libres, casi por completo, de esos cr\u00edmenes premeditados y salvajes que han manchado los anales de las naciones m\u00e1s civilizadas de Europa y que hoy se repiten con aterradora frecuencia entre nosotros.<\/p>\n<p>El suicidio puede decirse que era igualmente desconocido. En el espacio de muchos a\u00f1os s\u00f3lo ocurri\u00f3 uno que otro caso Y los suicidas fueron extranjeros.<br \/>\nVerdad es que aquellos tiempos eran de abundancia y bienestar; los afanes, las ansiedades consiguientes al sostenimiento de una familia, a\u00fan numerosa, no preocupaban a nadie en un en que se viv\u00eda sencillamente; en que era tan f\u00e1cil ganar dinero y en que los art\u00edculos de primera necesidad costaban tan poco, Y cuando la desenfrenada pasi\u00f3n por el lujo no hab\u00eda establecido su tir\u00e1nico imperio entre nosotros.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n eran raros los desaf\u00edos; no sabemos si porque entonces hab\u00eda menos honor que hoy; lo cierto es que eran rar\u00edsimos los duelos; y asimismo se adoptaban medidas tendientes a su supresi\u00f3n, como lo prueba el decreto del Supremo Director, de 30 de diciembre de 1814, inculcando sobre la irremisible aplicaci\u00f3n de la pena de muerte a los que se desafiaban y asist\u00edan a los duelos en calidad de padrinos: consider\u00e1ndolos a `aqu\u00e9llos como a verdaderos asesinos, no obstante que un falso y criminal punto de honor se esfuerce en disculparlos.<\/p>\n<p><em> Jos\u00e9 Antonio Wilde (Buenos Aires, 1815-Quilmes, Provincia de Buenos Aires, 1885). M\u00e9dico (como su sobrino, tambi\u00e9n escritor, Eduardo Wilde), empresario, periodista y\u00a0comedi\u00f3grafo. Es autor de Buenos Aires desde setenta a\u00f1os atr\u00e1s (1881) que seg\u00fan Roberto Yahni une \u201cgracia y justeza descriptiva con valor documental\u201d.<\/em><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Delicias cuyas lecturas valen la pena y estamos dispuestos a seguir ofreci\u00e9ndolas en el apartado\u00a0\u00abEl Libro\u00bb de la Secci\u00f3n Cultura de Diario 5. Esta cr\u00f3nica de Jos\u00e9 Antonio Wilde, surgida del Libro de Buenos Aires (recopilaci\u00f3n de \u00c1lvaro Ab\u00f3s) es, definitivamente, un rengl\u00f3n de estad\u00edstica para la curvatura de crecimiento del delito enla Ciudadde Buenos [&hellip;]<\/p>","protected":false},"author":1,"featured_media":6454,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[8],"tags":[],"series":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3554"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3554"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3554\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7206,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3554\/revisions\/7206"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6454"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3554"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3554"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3554"},{"taxonomy":"series","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diario5.com.ar\/es\/wp-json\/wp\/v2\/series?post=3554"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}