Empezando a cambiar la mentalidad hacia una posible convivencia definitiva con el virus

Como el jean, el celular o los portadocumentos, los barbijos podrá pasar a tener parte un protagonismo superior en nuestras vidas.

Hasta ahora, la mayor cantidad de contagios, de fallecimientos y de preocupaciones en los centros de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y en la ciudades argentinas que ya ya mostraban ser centros invariables de contagio. La curva, la famosa curva se ve claramente crecida y amenazante. Hubo cambios. Hubo marchas hacia atrás. Es necesario asumir -por parte de las autoridades- las responsabilidades comprendiendo las consecuencias, mientras que -desde la orilla de los ciudadanos- lo mismo.

Estamos realmente preocupados por el efecto económico que esto generará. Es verdad. Lo que no es posible que dejemos ocurrir sin gritar es que cualquiera se queje de las medidas sin estar entre los más afectados. ¿quiénes son los que nos están entre los más afectados?

Primero, los funcionarios y empleados públicos no afectados a las áreas de riesgo. De todas las jerarquías y distritos. Pero tomando en cuenta que los más capacitados se encuentran haciendo home office para llevar adelante sus actividades, hay miles (muchos miles) de empleados que no están asignados a absolutamente nada en esta etapa de cuarentena y están cobrando su sueldo. ¿Está mal que cobren su sueldo? No. Lo que está mal es que esas mismas personas sean las que están encontrando problemas donde no los hay, como la incomodidad de no poder hacer gimnasia, el tedio de no poder sacar a sus niños a divertirse y descargar energías y toda una serie de chicanas que les están endilgando a Fernández, Rodríguez Larreta y Kiciloff por sus cuitas personales no vinculadas no con lo económico ni con lo sanitario.

Segundo y globalizando, los comerciantes que, con reducción, la pueden seguir llevando. Aquí, si no entendemos después de 5 meses de qué la va la pandemia, somos unos hipócritas.

Hoy, la colega Gabriela de la Cruz me transmitió su teoría a la que pasé a suscribir de inmediato apenas la escuché: la única forma de que la gente entienda definitivamente lo que está pasando es que nos convenzamos de que NO VA A HABER NINGUNA VACUNA y transmitirles a los que están apurados por volver a las fiestas, a los bailes, a los encuentros masivos, a los restaurantes repletos y a las playas hacinadas que debemos manejarnos con un CUIDADO SUPERLATIVO porque el virus no se va a ir.

 

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