Cuesta mucho la reconcientización

En realidad se trata de la concientización, a secas y en primera instancia. En 2020 vivimos engañados: Nunca debemos esperar que aprendan quienes no están preparados para tal cosa.

Unos tontos le echan la culpa a los jóvenes sin medida. Otros -de la misma condición- los defienden sin criterio.

Es difícil abrir una teoría en la Argentina y considerar que se está en la verdad. No por eso de deben silenciar ni evidencias, ni obviedades. Y ni siquiera estimaciones y posibilidades de arrimar a una teoría que pueda ser discutible en busca de la verdad.

Por eso, vamos a dejar abierta una ventana a la reflexión acerca de lo que creímos hacer en los años 90 con dos generaciones de argentinos.

La primera generación.

Es muy probable que la mayoría de los padres que criaron a sus hijos nacidos a partir de 1990, estén absolutamente convencidos de que les inculcaron -va «Greensleeves» de fondo- «los valores que les transmitieron sus padre y abuelos, que llegaron al país sin bienes y hambreados, pero con trabajo, tesón y bla bla bla,,, se establecieron en un rancho y armaron una gran familia, que con amor, bla bla bla…».

Fin de Fantasía sobre Greensleeves, de Ralphh Vaughan Williams. Se recomienda la versión de la Orquesta de la Academia de Saint Martin in the Fields con dirección de Neville Marriner.

Esos chicos pasaron una grieta mucho más importante que la que todo alude hoy. Nada que ver con la división pseudoideológica que tanto preocupa a quenes se muestran preocupados. Una inmensa parte de los pendejos criados en los 90 sólo conocieron el criterio del consumo, del sálvese quien pueda, de que lo importado es mejor que lo nacional, de que con cierta «producción» se obtiene la belleza. Como remate de crianza y antes de ingresar en la adolescencia S XXI, en la que a muchos caerían en la oferta narcolaboral que en el esfuerzo de las universidades, alcanzaron a obtener los grandes conocimientos financieros básicos argentinos brindados por la crisis de 2001 y los salvatajes a empresas de 2002, en la que -no sin realismo- entendieron que en la Argentina, «si laburás como el abuelo, el resultado ya no a a ser el mismo».

La última generación

Ya los nacidos durante este siglo (ya no importa si son centenials, milenials o laganials) encontraron que existen fuentes placentera en las que volcar sus energías y hasta alcanzar a ganar dinero y notoriedad, nada menos que a partir de actividades que a ellos los apasionan: las redes sociales, el mostrarse, el influírse y el querer abarcar más de lo que se podría (cualquier similitud con el gasto público argentino es pura coincidencia).

¿Por qué la parte de la juventud que captó los mensajes que la Argentina les dejó en los últimos treinta años van a actuar diferente a como ellos vieron que la Argentina actuó durante esos 30 años? ¿tan pelotudos somos de no ver eso? ¿o es que somos tan hipócritas que consideramos que la formación que estas dos generacines de argentinos tuvieron no debería ahora tomar el primer plano?

Como hay una significatova cantidad de jóvenes formados maravillosamente, estamos creídos de que la totalidad de los argentos de las generaciones jóvenes pasan por ese tamiz.

Error.

Estaríamos creyendo que podríamos conseguir que la totalidad de los jóvenes están obligados a ser solidarios (como creemos que lo es la mayoría de nuestros compatriotas) de la noche a la mañana.

Mayor problema argentino, como siempre: generalizar y llevar todo, con altísimo facilismo, a la condición de «Blanco o Negro», sin tomarnos el trabajo de intentar ver dónde se encuentra cada problema. Eso, que lo haga otro. Yo, como asado, tomo mate y miro tele.

 

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