• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 16 de junio de 2024

Imposible definir cuál es la tendencia. ¿Somos una ciudad cara para el turismo? ¿Acaso nos abaratamos de golpe y volvemos a encarecernos en un mes? ¿Pasa lo mismo en todo el país?

En poco tiempo pasamos de tener oleadas de uruguayos comprando en supermercados de frontera del lado argentino a lo largo del Río Uruguay, a viajar masivamente a Santiago de Chile a comprar zapatillas o a Encarnación, en el Paraguay a cambiar las cubiertas de los vehículos.

La búsqueda en Google que mostramos a continuación parece no ponerse de acuerdo consigo misma:

Históricamente, fuimos terribles con estos vaivenes.

La economía argentina atravesó etapas de una fluctuación exasperante que siempre influyó en la relación de precios con los países limítrofes. Estos cambios llevaron a que, en ciertos períodos, sea ventajoso para los ciudadanos de los países vecinos cruzar la frontera para realizar compras en Argentina, y en otros, que los argentinos crucen a países vecinos en busca de mejores precios.

Hasta los años ’70, la inmensa mayoría de los argentinos manejaba sus finanzas bajo las pautas tradicionales. Lo normal consistía mantener la libreta de ahorro emitida por la Caja Nacional de Ahorro Postal y operar con bancos argentinos que inspiraban una confianza infinita.

En 1975, durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón y con una seguidilla de resoluciones del Ministerio de Economía conducido por Celestino Rodrigo, nuestra moneda sufrió una devaluación de más del 100%. Pero nos equivocamos si vemos aquel descalabro monetario con ojos del Siglo XXI y pensamos que nos invadieron de todas partes para comprar barato en la Argentina. Hubo, sí, personas que, estando en nuestro país y con dólar en mano, aprovecharon «grandes gangas» antes de volver a su patria pero no fue masivo.

Mientras se expandía el efecto del «Rodrigazo», los tres pasos fronterizos más importantes entre la Argentina y el Uruguay recién estaban en obra: El Puente General Artigas, que une la ciudad entrerriana de Colón con la uruguaya de Paysandú fue inaugurado el 10 de diciembre de 1975. El Puente Libertador General San Martín (el Fray Bentos – Puerto Unzué) que une Gualeguaychú / Entre Ríos / Argentina con  Fray Bentos / ROU, comenzó a operar el 16 de septiembre de 1976. Finalmente, la obra del Puente Internacional Salto Grande (Concordia-Salto) se terminó, luego de ocho años, el 25 de agosto de 1982, con inmerecida falta de entusiasmo de la población, abatida por la estafa moral de los gobernantes al pueblo durante la guerra de Malvinas.

No es cierto que aquella disparada del dolar haya sido aprovechada por grandes cantidades de personas del Uruguay para realizar compras en nuestras ciudades fronterizas. No existía la costumbre de «la escapadita», como para ir y volver a las pocas horas. El cruce del río Uruguay se realizaba en balsa, sobre las que se montaban los vehículos, que luego continuarían viaje por rutas bastante precarias. También había balsa para los trenes del Ferrocarril Urquiza. ¿Qué tipo de compra iba a justificar estos sacrificados viajes, con horarios restringidos y, a veces, condicionados por la meteorología? Para ese entonces, tampoco el Complejo Zárate-Brazo Largo existía, lo que implicaba que tampoco era cómodo tener que realizar otros cruces en balsa sobre el Paraná Las Palmas y el Paraná Guazú.

Ya en tiempo de la Dictadura, el coreográfico y milimétrico «Tablita», con la que el Ministerio de Economía al mando de José Alfredo Martínez de Hoz establecía el incremento del valor del dólar en 1979, desnudó un deliberado atraso cambiario que «infló» de manera ficticia el poder de compra de nuestra moneda en el extranjero. La imagen de las caravanas de compradores regresando de la Ciudad brasileña de Uruguayana con enormes cajas de televisores sobre la parrillas portaequipajes de los techos de los vehículos es emblemática. La película de Fernando Ayala «Plata Dulce» describió con fidelidad tal etapa, más por la impronta caricaturesca de su genial guionista, Oscar Viale. En aquella primera fiesta financiera identificada como el «Déme dos», a los argentinos todo parecía resultarles barato.

En 1981, para el segundo tramo de la seguidilla de militares pasándose groseramente el mando, el Gral Roberto Viola, designado por la Junta Militar para suceder a Jorge Videla en la Presidencia, decidió girar en 180 grados la política económica de su antecesor. El encargado del trabajo sucio fue el ministro de Economía, Lorenzo Sigaut. Su frase «El que apuesta al dólar pierde» constituye un sello en la memoria colectiva de los argentinos. Pero Sigaut, en la semana siguiente de sus declaraciones, devaluó sucesivamente la moneda argentina en 20%,10%, 20%, 15% y 10% entre un lunes y un viernes. A los 15 días, el portugués era el idioma que más se escuchaba hablar en la calle Florida y las camperas de cuero se vendían como nunca antes. Para 1981, el Paso Cristo Redentor estaba terminado y por primera vez hubo invasión de compradores chilenos en Mendoza. Para ese entonces, los vehículos habían dado un salto cualitativo frente a toda la tecnología automotriz anterior y las dos grandes empresas de micros chilenas, TurBus y PulmanBus pasaron a contar con unidades muy modernas.

En 1985, cuando durante el gobierno de Raúl Alfonsín fue lanzado el Plan Austral. Nada generó que la Argentina se convirtiera en cara o barata. Por entonces, el gobierno peleaba contra una inflación provocada deportivamente azuzada por sectores que no soportaban que un presidente tuviera, al mismo tiempo, clase y pelotas como para enfrentar con lo justo a empresarios angurrientos, sindicalistas irracionales, militares resentidos, zurdos decepcionados, opositores malintencionados y correligionarios torpes. Nadie salió del país a comprar nada que le resultara una bicoca en Bolivia o en Uruguay. Pero en 1988, cuando las axilas de la horda de enemigos del mejor presidente que tuvo la Argentina, drenaban al máximo la envidia de no haberlo tenido en sus filas, consiguieron doblegarlo y se disparó una hiperinflación. El tipo renunció guardando una dignidad que les dolió el doble. Por eso lo calumniaron durante los 10 años siguientes, cuando se produjo el pacto más nefasto de la historia de la política en el mundo: el peronismo con los empresarios.

si bien se entendía que referían atraso

Durante los años 90, bajo la presidencia de Carlos Menem y la implementación de la Ley de Convertibilidad, el peso argentino estaba atado al dólar estadounidense a una tasa de 1:1. Esta política provocó una apreciación artificial del peso, haciendo que los productos y servicios en Argentina fueran relativamente baratos para los turistas de países vecinos como Chile, Uruguay y Brasil. La afluencia de turistas extranjeros que aprovechaban para comprar productos más baratos en Argentina fue significativa durante este periodo.

La crisis económica de 2001-2002 marcó otro momento clave. La abrupta devaluación del peso argentino tras el colapso de la convertibilidad en 2001 hizo que los productos argentinos se abarataran significativamente en términos de moneda extranjera. Esto llevó a una nueva oleada de ciudadanos de países limítrofes que aprovecharon la situación para comprar en Argentina, dado el bajo costo relativo de los productos.

En años más recientes, especialmente desde 2018, Argentina ha experimentado varias devaluaciones del peso y una alta inflación. Estas circunstancias han vuelto a hacer de Argentina un destino atractivo para compras para ciudadanos de países limítrofes. Esto ha generado un incremento en el turismo de compra, especialmente desde Chile y Uruguay, donde los ciudadanos cruzan la frontera para aprovechar precios más bajos en productos electrónicos, ropa y alimentos.

Sin embargo, también ha habido periodos en los que los argentinos cruzaban a países vecinos para comprar. Durante los años 80, Argentina experimentó hiperinflación y devaluaciones, lo que hizo que los precios internos fueran volátiles. En comparación, los países vecinos podían ofrecer productos más estables y a mejores precios, llevando a los argentinos a cruzar a Uruguay y Paraguay en busca de productos más económicos.

Después de la crisis de 2001, durante un breve periodo entre 2003 y 2007, la reactivación económica y la apreciación del peso relativa a los salarios internos hicieron que algunos argentinos encontraran ventajoso cruzar a países vecinos para ciertas compras específicas, aunque este fenómeno fue menos marcado que en otros periodos.

Desde 2018, con la alta inflación y los controles cambiarios, muchos argentinos han buscado productos más económicos en países vecinos como Paraguay y Bolivia, donde la diferencia de precios puede ser considerable para ciertos bienes.

En conclusión, la dinámica de compras transfronterizas entre Argentina y sus vecinos ha estado fuertemente influenciada por la estabilidad económica, los tipos de cambio y las políticas económicas de cada periodo. Estas fluctuaciones han determinado quién cruza la frontera y con qué propósito, haciendo que en distintas épocas, tanto los argentinos como sus vecinos hayan buscado mejores oportunidades de compra al otro lado de la frontera.


 

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