• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 16 de junio de 2024

Corríamos el riesgo de que la repetición de los subsidios y manutenciones masivas generara un  factor de penetración por ósmosis que alcanzará a las nuevas generaciones y lo utilizara con criterio cultural como si fuese correcto.

Lamentablemente, acaba de suceder.

La viralización de un vídeo en el que una joven insta a Lionel Messi a proponerle a sus seguidores en redes sociales que hagan un aporte en dinero para el pago de la deuda externa de la Argentina al fondo monetario internacional. El mensaje no sólo da la más inmensa vergüenza ajena que cualquier persona digna se puede imaginar, sino que deja de manifiesto el incremento de la escalofriante tendencia a que no se solucionan los problemas y que otros paguen nuestras propias deudas.

@c5n La idea de una tiktoker: «que Messi pague la deuda externa» | #c5n #messi #viral ♬ sonido original – c5n

Por supuesto que lo más lógico -y hasta obvio- es tomarnos el gag como una broma. Así y todo es un pésimo pésimo chiste. ¿Por qué? Sencillamente se observa que más del 90% de las reacciones y comentarios e incluso las burlas que la mensajera recibe, apuntan a temas que no son, precisamente, áreas para la diversión, muy especialmente la corrupción ultra expandida en la política.

No podemos avalar que pueda ser una buena jodita popularizar una rastrera propuesta en la que sea Messi quien tenga que horadar su imagen pidiéndole al mundo que ponga plata para que en una nación con tendencia a gastarse hasta lo que no tiene, se libere de un capítulo de su historia de deudas cíclicas y repetidamente deshonradas.

De menos importancia, aunque sin dejar de conformar uno de los momentos bochornosos del corto vídeo, es la innecesaria “aclaración” de la protagonista, en la que asegura “no ser abogada ni licenciada en ciencias políticas” pero se atribuye la condición de “persona creativa” para preludiar lo que luego será la propuesta que se candidatea a emblema de los mantenidos.

Son tantos los aspectos horrorosos del mensaje que bien podría considerarse un ejemplo de cucarachización viral, sobre todo si la propuesta va ganando en adeptos a que la aterradora posibilidad de que el deportista más popular de un país haga “una vaquita” con dinero ajeno. La descarada insensatez lleva a la “estratega” a la falaz deducción de que por simpatía con Lionel Messi, las personas adineradas, a nivel global,  van a elegir consentir al Reino de los Subsidios y liberarlo de sus cuitas financieras antes de ayudar a detener terribles guerras, curar enfermedades o a solucionar las angustias de los migrantes por opresión política.

Pero como si a toda la carencia de valores demostrada en su atrevido mensaje le faltara algún posible cariz de espanto, la gurú del mangazo avanza hacia el terreno de la perversión y, hablándole al propio futbolista lo “psicopatea”: “Leo… ya nos salvaste en el mundial… no nos dejes ahora… no te tires del barco en ésta”, dando por sentado que Messi ya debería estar involucrado en este proceso de “cómo conseguir que tus deudas te las paguen otros”.

En el video donde da rienda suelta a su pretendida creatividad, la dama de las soluciones sin esfuerzos indica que el a esta altura cacheteado crack de fútbol debería “juntarse con Santi Maratea” e iniciar la colecta.  Sorprende que los metales que se advertían como los más duros del mundo pierdan esa condición ante la cara de esta mujer.

¿Existe algún aspecto de esta truculenta trama de irresponsabilidad financiera que evite hacernos caer en la ignominia nacional? Imposible. La sola comprobación de que somos carne de deuda recurrente con alta vocación de default, nos inhibe de todo planteo sospechado de inmadurez financiera.

Y aparece esta asquerosidad de manera pública, que -cuando la sociedad le responda con el rigor que amerita- no será aceptable que aparezca con gesto autopiadoso quejándose hipócritamente de la falta de sentido del humor que tienen muchos argentinos que criticaron so «broma».

Pero, lamentablemente, ya hay demasiada gente que se lo tomó en serio porque la esencia del tema, más que serio es grave. Y para más, un número nada desdeñable de comentaristas de Tiktok, donde fue publicado originalmente, se mostraron a favor de su idea.

Tomado en broma o en serio, el terreno que abre la maraña de conceptitos absurdos del vídeo, deja la posibilidad de correr “por izquierda” a la ideóloga de la supuestamente mágica solución a un problema tan sensible a la historia política de la Argentina. La chica sugiere que se junte la plata para pagarle al Fondo, cuando en el país hay, desde hace décadas, personas que están absolutamente en contra de esos desembolsos. Por lo tanto, esta chica está -entre otros problemas en los que se ha metido- comprometida con un trato preferencial hacia el organismo financiero, por encima de las prioridades que las agrupaciones de izquierda defienden. Vale recordar que no ha habido gobierno argentino –por muy de derecha o liberal que fuese- que no haya puesto reparos y negociado para dosificar la carga de cuotas y evitar pagos de montos demasiado grandes. En la “fórmula Messi”, pergeñada con un nivel superlativo de desconsideraciones por parte de una argenta con buenas intenciones, hay que pagar todo.

Finalmente, también resulta una calamidad entre tragicómica y vomitiva, que la autora de la traza de una eventual ruta para intentar cumplir con semejante objetivo (pagarle 45.000.000.000 de dólares al FMI) es que ella misma deje abierta la posibilidad de que quienes escuchen tal burlesco delirio desaprueben su moción con un “si les parece una pelotudez lo que estoy diciendo, propongan algo mejor”.

Lamentablemente, todas las formas viables de pago al FMI son independientes de este tipo de facilismos. La noticia para esta señorita y los adscriptos a su propuesta es que cualquier forma de pago de cualquier deuda que cualquier país tenga frente a cualquier acreedor, si no proviene de la propia administración de recursos del deudor, no sólo es una pelotudez, sino que confunde a otros miles de pelotudos que creyéndose muy avivados, ven una opción válida en que otros paguen por uno.

 

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