• Diario 5 -Buenos Aires, domingo 21 de julio de 2024

Tomando algunos ejemplos de la metamorfosis argentina en sus aspectos productivo y de su tejido social, nos adentramos en la posible respuesta a la pregunta planteada, siempre a partir del eslogan "La Patria No se vende", utilizado para el Paro Nacional de 12 horas que convocó la Confederación General del Trabajo.

La industria de la alimentación es cuasi monopólica. En 1970 aún teníamos 30 empresas candidatas al liderazgo y centenares que regulaban mercados medianos.

Ningún laboratorio medicinal argentino accede a la discusión internacional por las patentes.

SoMiSa es el pasado y la acotada industria siderúrgica argentina quedó en manos de corporaciones que miden minuciosamente su producción, porque la baja demanda de acero se debe a que no hay nuevas PyMes de industria mediana que demanden acero para fabricar nada. El sector agroindustrial produce con cronogramas anuales fijos. Nadie da una sorpresa fabricando algo estruendosamente novedoso para el mundo.

El momento del «futuro boom informático argentino» fue diluido en 1987, cuando los ingenieros preparados para nivelarse con Sillicon Valley, se fueron todos a trabajar como empleados en las empresas de Sillicon Valley.

Las automotrices instaladas en el país combinan armado de unidades y fabricación de una limitada cantidad de autopartes respondiendo a la necesidad de mercado interno o el Mercosur. El sueño de los autos de motor y diseño propio murió con el Torino, hace ya más de 30 años.

Fabricaciones Militares sufrió uno de los desmantelamientos más obscenos, por la típica confusión argentina que devino en cancelar todo lo vinculado a las Fuerzas Armadas. Fue por nuestro enojo social con una generación de militares. Y como logramos quitarles a ellos el poder político, abusamos de la situación reduciendo tanto su presupuesto, que redundó en un debilitamiento de Defensa Nacional del que -por las dudas- nadie habla. Aparte, a la mayoría de los argentinos no les resulta significativo ni asociable con nuestra persistente decadencia, el haber perdido una guerra frente a poder máximo del planeta. Creemos que nos tienen bronca por jugar bien al fútbol. Proyectos como el Cóndor II, que ya tenían compradores programados, fueron desarticulados por presión de la OTAN, cuando andábamos como parias por el mundo pidiendo créditos ante nuestras sucesivas crisis económicas.

¿Alguien habla de nuestros astilleros como competitivos en el mundo? Pocos saben que sí lo fueron. El portal especializado Misión Productiva es clarísimo en su informe Rescatando a la industria naval argentina. El título lo dice todo: lo que necesita ser rescatado es porque alguna vez funcionó bien y luego se vino abajo. Pero más revelador es el detalle de que la sustitución de importaciones resulta una verdadera quimera, debido a que no hay suficientes proveedores nacionales para los insumos necesarios en la fabricación de embarcaciones, confirmando el triste dato de que entre el 25% y el 30% de los elementos necesarios para la industria son, indefectible y obligatoriamente, importados.

Este caso descripto se transforma en una constante cuando listamos todos los sectores productivos con los que nuestro país, alguna vez, enorgullecía a su población. Podemos mantener las viejas bases y fabricar de todo. Pero si lo que está en juego es la posibilidad de que el país encuentre nuevos ingresos genuinos porque se destaca en algunos rubros, para empezar, tenemos que aplicar una palabra que no es mágica y que requiere de esfuerzo, continuidad e inversión: «Avanzada». Los países que alcanzan liderazgo en cualquier producto que fabrican o cualquier servicio que ofrecen, no pueden estar pensando en que van a producir «lo de siempre, para los de siempre».

Las actividades productivas perdidas, reducidas o mal aggiornadas que hubo en la Argentina, se cuentan por miles. Y los habitantes afectados por pérdida de empleos, crack de servicios básicos de transporte, merma en la atención de la salud, brutal baja en los niveles de alimentación, falta de estímulo para cumplir con los planes de estudios, expansión de adicciones, crecimiento de la delincuencia y la consecuente inseguridad, no sólo pasaron a contarse por millones, sino que sus hijos y subsiguientes generaciones nacieron y vivieron en un país en constante desmoronamiento.

Todo va englobado en un «triángulo circular», que alguna vez funcionó perfectamente y que ahora no: Convicciones / Educación / Cultura. Los tres puntos funcionan circularmente de dos maneras posibles: virtuosa o viciosamente. Con las tres a pleno, hay retroalimentación satisfactoria. Pero sin Convicciones, no hay Educación, sin Educación no hay Cultura y sin Cultura no hay Convicciones.

En este circuito, las convicciones incluyen a los Valores (ay..! tanto nos llenamos la boca hablando de ellos). La educación abarca el conocimiento (hoy, muchos de quienes lo consiguen, se van del país). Y entre los tantos aspectos de la cultura, pesan nuestros gustos y costumbres como seres sociales. En cualquiera de los tres segmentos del triángulo podemos darle un lugar al concepto «Patria».

La Patria, según cada mirada, puede acomodarse entre las convicciones, la educación o la cultura. O en las tres. Es la parte sensible del círculo que engloba nuestra realidad como miembros de una Nación. Todos sabemos que se trata de un principio que cala fuerte en nuestros sentimientos. Nos lo inculcaron en la infancia. Y apretamos los dientes por pretender que se mantenga en lo más alto. Pero para cada uno de nosotros, la Patria tiene una imagen diferente, aunque todos converjamos frente a sus símbolos. Ahí nacen y se expanden los infinitos hilos de la visión política de los ciudadanos.

A cada aspirante a conducir una Nación, al hacerlo con el impulso de honrar la Patria, no le bastará con actuar en pos del bien común. Se supone que todos lo hacen. Y es indefectible que su idea de «Patria» difiera de la de otros que también querrían llegar al mando. Nada nuevo. Nada que no se haya visto en familias, pueblos, feudos, condados y emprendimientos grupales de todo el mundo.

Entendiéndola como motor silencioso de ese circuito que integran la convicción, la cultura y la educación, a la Patria se la percibe siempre presente y no sería sencillo convencer a un patriota de que tal preciado bien inmanente pueda ser «vendido».

Pero para asegurar que «La Patria No se Vende» en un cántico político que se expresa como una advertencia a los gobernantes, habrá que revisar si anteriores conductores de los destinos del país, defendieron esa misma Patria con todas y cada una de sus acciones, omisiones, tramas secretas, negociados comprometedores, audacias políticas, maniobras financieras perversas, envalentonamientos absurdos, dádivas escandalosas, engaños recurrentes, crímenes encubiertos, abandonos irresponsables e injusticias irreparables.

Si como resultado de la revisión, encontramos que ninguno de esos desaguisados -que evidencian sucesivas «transacciones»- manchó nuestro boletín de clasificaciones, el derecho a pedir que no se venda la Patria será legítimo. De lo contrario, habrá que recordar que, hace 2.000 años, alguien le propuso a un grupo de desaforados gritones, arrojar la primera piedra por estar limpitos de pecado.

 

 

 

 

Carlos Allo

Editor de Diario 5 y Ensamble 19. Productor integral de Radio Clasica.

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