• Diario 5 -Buenos Aires, jueves 18 de julio de 2024

30 de octubre de 1983. Hora 23.12. Es el momento más tenso de la noche en el Centro de cómputos establecido en la sala A-B del Centro Cultural General San Martín, periodistas de todo el país y el mundo se movilizan de un sector a otro, levantan la vista permanentemente para luego anotar datos. Como, por momentos, no alcanzan los teléfonos disponibles, algunos se agolpan frente a los teléfonos públicos. Varios reportan en directo para canales de TV y radios.

Nadie se animaba a confirmarlo, pero cuando la tendencia que se muestra en las pizarras sobre los escrutinios tiene a la fórmula Alfonsín-Martínez con un 55% de los votos frente a un 36% para el binomio Luder-Bitel, se escuchó a un cronista neuquino afirmar «ganó la UCR», el resto de los acreditados abandono al instante el potencial «se impondría Alfonsín» por «se impone», antesala para el «se impuso», que vendría una horas más tarde, con una proporción final de sufragios de más del 52%.

Cansado por el trajín de la jornada pero sospechosamente abatido por los resultados, despanzurrado sobre uno de los tantos sillones disponibles para el descanso en el CCGSM, un veterano corresponsal santafecino nos advierte, innecesariamente, a los colegas que lo pudiéramos escuchar: «No va a poder gobernar». Nadie estaba para discutirle y menos aún para asentirle gratuitamente su temeraria seudopremonición.

Era la primera vez que los que creían ganar siempre perdían una elección general, Y si ni sus propios dirigentes sabían cómo se debía actuar, ¿qué se podía esperar de un periodista con la camiseta puesta?

Perder, ganar. Ganar, perder.

Volvía la Democracia para quedarse y muchos todavía no alcanzaban a comprender de qué se trataba eso. Aún hoy, cuarenta años más tarde, muchos siguen sin captar en qué consiste este juego cuando hay que jugarlo completo: acostumbrados a que siempre es más fácil y divertido para una parte del electorado jugarlo sucio, ¿para qué limpiar la cancha? Más, si ése es es un método efectivo para dejar afuera a los que prefieren jugar limpio.

La costumbre de conspirar y ver conspiraciones antes de tiempo, ha sido una condenable costumbre de quienes creen que no puede existir un resultado que no sea ganar siempre y a cualquier precio.

Perder, ganar. Ganar, perder.

Vivimos en una Nación que se derrumba un poco cada día en que algunos que pierden nos demuestran con demasiado ahínco que perder no les gusta nada.

30 de octubre.

Fecha sagrada y consagrada


 

Carlos Allo

Editor de Diario 5 y Ensamble 19. Productor integral de Radio Clasica.

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