• Diario 5 -Buenos Aires, viernes 19 de julio de 2024

Jorge Luis, el Bibliotecario

Pordiario5

Sep 13, 2023

Dedicamos sendas notas a los bibliotecarios -extraordinaria y estimulante actividad- los 13 de septiembre de los últimos dos años. Y sabíamos que nos quedaba pendiente hacerle foco al más notable de los guardianes de libros.

Hay una biblioteca en la mente llena de una colección finita (o infinita) de libros que presentan todo el conocimiento humano al afortunado visitante con una tarjeta de biblioteca. El bibliotecario a cargo de esta magnífica pero temporal (o atemporal) colección es Jorge Luis Borges. Borges fue bibliotecario de la Biblioteca Nacional. La del bellísimo edificio de la cale México. Cuando fue nombrado para el puesto, se había quedado ciego. Esa ironía, la de un curador ciego, obligado a almacenar cada conocimiento en su mente y a llamar a amigos y familiares para que le lean de entre las enormes estanterías, convirtió a la profesión de bibliotecario en leyenda.

Borges, Milton y Homero fueron grandes poetas universales no videntes. Ellos «vieron» en sus mentes, revivieron sus vidas en sueños y mirándose en espejos, se vieron a sí mismos como los otros los vieron.

El Borges poeta es el sujeto y el objeto de miles de estudios, ensayos y -hoy- webinars sobre su persona. Actualmente, hay en internet foros que se dedican a encontrar decenas de aspectos que centenaresw de estudiosos van encontrando, luego de tradajar en deducciones durante años. Hay convocatorias literarias para leer atentamente sus poemas buscando identificar sus obsesiones, sus preocupaciones por la historia y sus laberintos.

Al gran escritor bibiotecario se lo examina con microscopios semánticos. En alguna medida, el hombre del Siglo XXI  que ama la literatura, quiere estar, virtualmente, en la biblioteca que Borges universal que Georgie sigue administrando.

Borges el escritor de ficciones y ensayos es conocido en todo el mundo. El bibliotecario, no.

Su poesía es igualmente ejemplar y refleja la misma geografía mental. Podemos disfrutar de la lectura de las obras de Borges de un modo en que ni él lo hizo, dado que su afán por leer a otros autores lo llevaba a desechar la lectura de sus propios trabajos. No olvidemos que en su visita a la Biblioteca de Nueva York, el autor de El Aleph ensayo un pensamiento en el que consideró que, de existir el paraíso, seguramente sería una gran biblioteca.

 



 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *