• Diario 5 -Buenos Aires, martes 23 de abril de 2024

La Avenida 9 de Julio es la más icónica de Buenos Aires. Nadie está ajeno a que recibe su nombre en honor al Día de la Declaración de la Independencia de nuestro país, el ítico 9 de julio de 1816. La avenida es un grandioso tributo a la independencia

La construcción de la Avenida 9 de Julio se realizó en varias etapas. La primera comenzó en 1937. Originalmente fue un proyecto de desarrollo urbano masivo destinado a crear un gran bulevar que sería a la vez funcional y simbólico. Podría decirse que el objetivo se cumplió, aunque hay que asumir inconveniencias y escollos.

Todos entendemos que fue un bienintencionado plan el de diseñar una vía grande y espaciosa. Tiene un ancho de, aproximada e intermitentemente, 140 metros con múltiples carriles de tránsito en cada dirección. La consideramos la avenida más ancha del mundo. Hay cierta porción del ego colectivo argentino que no puede soportar la ausencia de certeza de si realmente lo es.

El punto de mayor interés de la super arteria, el Obelisco (67 metros de altura) fue el disparador de la decisión de -por fin- realizar una obra que venía proyectándose desde el Siglo XIX y, muy propio de la Argentina, siempre tenía peros, trabas y dudas. Cuando en 1936, el Obelisco quedo visible de Este a Oeste desde cualquier punto de la renovada y ensanchada Av. Corrientes, el plan de hacer que también pueda verse de Norte a Sur, se expandió con facilidad para que todo trámite sea cumplido sin problemas.

De entrada, la Avenida 9 de Julio fue una importante arteria de circulación. Tomando en cuenta el pequeño parque automotor de la Ciudad y los ya en retirada carruajes, era extraño encontrarse con embotellamientos en el luego llamado «Microcentro Porteño».

El cruce con las Avenidas de Mayo y Corrientes, era el sueño de sus mentores y sucesivos planificadores, dado que tendría importancia durante el día por la interconexión de estas calles con las zonas comerciales más destacadas y durante la noche por sus teatros, restaurantes y vida nocturna.

Respecto de la importancia cultural que la avenida se ha ganado a través de décadas en la ciudad, albergando desfiles, manifestaciones y celebraciones, está claro que no existe en la Argentina un lugar con mayor estadística de movilización de la sociedad por múltiples motivos que las cuadras de la Av. 9 de julio. Ni siquiera la mismísima Plaza de Mayo.

La fase de anteproyecto de la Avenida 9 de Julio en el siglo XIX y los años posteriores a su construcción involucraron esfuerzos de planificación y desarrollo urbano para crear un gran bulevar en Buenos Aires. A fines del siglo XIX, la ciudad experimentó un importante crecimiento y expansión urbana. La población estaba aumentando rápidamente y se necesitaban avenidas más anchas para adaptarse al creciente tráfico y modernizar la infraestructura de la ciudad.

Se presentaron varias propuestas de planeamiento urbano para atender estas necesidades. El plan más influyente fue el del arquitecto e ingeniero Juan Antonio Buschiazzo en 1888. Propuso la creación de una amplia avenida que atravesaría el centro de la ciudad y proporcionaría un espacio importante para actividades cívicas y culturales.

El intendente Francisco Seeber,  militar que participó en varias campañas y batallas militares, jugó un papel crucial en la transformación del paisaje urbano de la ciudad, particularmente a fines del siglo XIX. Seeber era ingeniero y ya había integrado proyectos de obras públicas, como la creación al estilo parisino de la Av. Alvear.

Los conceptos iniciales de diseño de la Av. 9 de Julio se basaron en los principios del embellecimiento urbano y la creación de un gran bulevar. Las ideas estaban influenciadas por las tendencias urbanísticas de la época, que favorecían las amplias avenidas y la arquitectura monumental.

A pesar de las tempranas propuestas, la construcción real de la Avenida 9 de Julio se inició en 1937 bajo la presidencia de Agustín Pedro Justo. Se buscaba modernizar Buenos Aires y que una gran avenida que mostrara el progreso y la importancia cultural de la ciudad. Hubo varias etapas y modificaciones y el diseño final incorporó ideas de diferentes arquitectos e ingenieros involucrados en el proyecto. Esto implicó la demolición de edificios existentes y una reconfiguración del tejido urbano del centro porteño.

El último tramo de la 9 de Julio fue inaugurado el 9 de julio de 1980, en el 164 aniversario de la Independencia. Había pasado casi un siglo de su génesis. La imponente avenida cumple hoy 43 años desde que fue terminada, aunque sus reformas fueron una constante y, probablemente, lo seguirán siendo.

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