• Diario 5 -Buenos Aires, jueves 23 de mayo de 2024

¿A cuántos peligros está expuesta una persona que vive en la calle?


Una persona sin vivienda se enfrenta a numerosos peligros y desafíos que casi nadie preferiría atravesar.

Siempre se considera que soportar algunas condiciones climáticas adversas puede ser una de las peores situaciones que vive en la calle. Y no está mal pensarlo. Las personas sin hogar están expuestas a temperaturas extremas, ya sea un calor abrasador o un frío helado. Esto puede provocar varios problemas de salud, como insolación, hipotermia y congelación.

Aparte de lo que se le pueda ofrecer como refugio y seguridad con la participación del Estado tras una llamada al 108, las personas sin hogar a menudo carecen de un lugar seguro para quedarse.

Son vulnerables a ataques físicos, robos y acoso. Sin protección o algún seguimiento básico, pueden convertirse en blanco de violencia o explotación. Si son mujeres, más aún.

Vivir en la calle pone a las personas en un más que obvio riesgo de caer en problemas de salud física y mental. A menudo, cuando tienen acceso a una atención médica adecuada, alcanzan a recuperarse, ganan energía, hacen changas y hasta se sienten mejor para salir a buscar algún trabajo que les provea de la sensación de dignidad que les urge. Vivir en la calle en cualquier ciudad grande del mundo es -casi indefectiblemente- la antesala de la ruta final. En la Argentina – en en CABA se nota-  aún hay caminos para evitar que estas personas apuren enfermedades, infecciones y afecciones crónicas. En cuanto al abuso de sustancias y los problemas de salud mental que prevalecen entre la población sin hogar, ya es más complejo de tener bajo seguimiento.

El acceso limitado a alimentos y agua limpia y encontrar comidas regulares es un problema mayo y genera tedio para quienes se encuentran sin hogar. Por supuesto que la falta de una nutrición adecuada debilita su sistema inmunológico y su salud en general. Si el agua potable limpia también es escasa, caerá en deshidratación.

El entorno de la calle puede exponer a las personas al abuso de sustancias. Este tema es tan condenatorio que debería ser tomado como el elemento para que toda la sociedad se ponga en matcha en la elaboración de planes ideados para eliminar de una vez y para siempre la tendencia a la fuga mental del los problemas de la pobreza con consumos ultra destructivos de drogas. Todos sus problemas sociales y de salud se multiplican con los estupefacientes. Desde ya que el abuso de estas sustancias conduce a la adicción, empeorando su capacidad para escapar del ciclo de la falta de vivienda y pasando a depender -cada vez más- de las personas que trafican lo ellos necesitan consumir.

Sin acceso regular a agua limpia, instalaciones de saneamiento y productos de higiene personal, las personas sin hogar enfrentan mayores riesgos de infecciones, enfermedades y deterioro del bienestar general.

La estigmatización y el aislamiento social son inmediatos, cuando una persona en situación de calle muestra alguna conducta que la confirme como marginal. Esta gente pasa a enfrentar una discriminación tan marcada que la conduce al aislamiento y a que las oportunidades de apoyo se limiten. A modo de efecto dominó, este aislamiento hace aún más difícil el acceso a los recursos y encontrar empleo o vivienda.

Vivir en la calle puede implicar encontronazos con la Policía. Son comunes los problemas legales y arrestos. Desde ya, que La criminalización de las personas sin hogar agrava aún más las dificultades.

Es casi imposible que la falta de vivienda no interrumpa la educación de un chico y el historial laboral de cualquier persona. Todo cuesta el quíntuple de esfuerzo: se aleja la posibilidad de encontrar un empleo estable porque sin una dirección permanente no hay empleador que confíe. Ni qué hablar de un acceso estable a Internet para poder enterarse de a dónde hay que ir por trabajo (si es que tiene una idea básica de cómo buscarlo).

Finalmente, los propios imponderables que implica estar en las calles. La fotografía que acompaña esta entrega evidencia la circunstancial buena suerte que la persona que suele dormir en la esquina de Independencia y Rincón y de la que este medio diera cuenta ayer, justo no estaba allí cuando un accidente automovilístico llevó a un vehículo a ubicarse en esa misma vereda.

 

Demasiado frío: Llamar al 108

 

 

 

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