• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 15 de julio de 2024

El apuro del Ministro de Gobierno de la Ciudad por seguir su raíd en otras comunas porteñas, no resultó un acto de empatía con los vecinos del barrio de San Cristóbal, en el Centro Cultural Julián Centeya.

La reunión entre el ministro de gobierno de la ciudad de buenos aires y los vecinos del barrio de San Cristóbal parecía circular por su cauce normal cuando, luego de la introducción del funcionario, los asistentes comenzaron a transmitir sus preguntas, casi todas referidas a problemas de orden urbano, de seguridad o de convivencia.

Acostumbrados al histórico ritmo y tiempo que dispensaban en este tipo de encuentros, tanto Horacio Rodríguez Larreta como Diego Santilli a los ciudadanos para que pudieran transmitir, si no todas, una gran mayoría de las inquietudes que integran la siempre inmensa lista de necesidades de la población, esta vez, un extraño clic se activó entre Macri y la gente presente.

La reunión estuvo pactada para las 09.30 y comenzó a horario. Los temas fueron generales (casi, los de siempre) y esos primeros minutos de presentación por parte del ex intendente de Vicente López fueron bien recibidos por los vecinos que habían sido invitados al Centro Cultural Julián centeya.

Como es habitual tras la alocución del funcionario, sobrevinieron las primeras preguntas. Y Jorge Macri contestaba con su característico aplomo y seguridad. El problema se produjo cuando uno de sus asistentes -mientras se estaba tratando el tema de las administraciones de edificios y sus múltiples inconvenientes- avisó que el ministro debía retirarse. Macri, por supuesto, aclaró que la reunión iba a continuar a cargo de sus colaboradores.

Hubo muchas personas que no aceptaron que se cambiara al interlocutor principal por sus asistentes, sobre todo porque el anuncio de su retiro se hizo a las 10.03, es decir, apenas media hora después de haberse iniciado la reunión.

Se produjo una discusión en la que todos tenían razón.

En ese pequeño desorden, el anfitrión perdía, innecesariamente, el porte de confiabilidad que se le había conferido con la sola aceptación de ese par de centenas de personas que se acercaron a San Juan y «24», para plantearle a una autoridad de alta jerarquía del GCBA, sus problemas nuevos y viejos.

Querían hablarle de lo de ahora y de lo de siempre. Venían acostumbrados a esa atención contenedora que tantas veces les habían ofrecido otros funcionarios de la Ciudad, incluido su propio primo Mauricio, líder de la mismísima agrupación política a la que pertenece Jorge.

Probablemente, entre algunos vecinos no haya caído del todo digestiva la frase: “Tengo otros compromisos”.

Más allá de que su equipo podía tomar nota de cualquier consulta que quedara pendiente, Macri demostró esa -quizás justificable- necesidad de irse pero bajo un sentido de la oportunidad poco celebrable.

Fue

  • justo cuando aún había temas importantes para plantearle, transmitirle y compartirle y
  • justo cuando todos los presentes tenían en claro que el ministro está en plena campaña.

Si bien resultaba notable que, en el recinto, había oradores que demostraron, con nítida evidencia, no pertenecer a las filas políticas del precandidato, el roce político cosechado en sus años como jefe comunal, por momentos pareció desdibujarse, independientemente de que en ese mismo momento, una señora le hizo notar al grupo de personas que tenía cerca, que en las reuniones de otros barrios, Macri no había tenido este desaire.


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