• Diario 5 -Buenos Aires, martes 23 de abril de 2024

Buscamos rehacer una estructura en la que el trabajo lidere el andar de la sociedad hacia la dignidad que merece tener. ¿Nos puede servir tener un panorama sobre lo perdido para ir en busca de algo nuevo que signifique lo ganado? Probemos.

Las carnicerías tienen su mercado aún en marcha en la Argentina: Si bien ya muchas personas ahora compran su carne en los supermercados, el número de carniceros independientes es importante en nuestro país, a diferencia de lo que ocurre en buena parte de la región y –obviamente- en los Estados Unidos, donde el 80% del mercado de la carne es dominado por las cadenas de supermercados.

Las librerías, con el auge de la venta online y los libros electrónicos, muchas librerías físicas han tenido dificultades para mantenerse en el mercado y varias fueron noticia en la Ciudad de buenos Aires cuando anunciaron su cierre.

Los locales de máquinas de escribir fueron furor en algunos locales del centro porteño hasta la década del 80: las máquinas de escribir alguna vez fueron una herramienta omnipresente para todo tipo de trabajo a realizarse en cualquier oficina de cualquier rubro.

Todos sabemos que el cambio hacia la operatividad de las computadoras y que como resultado, las tiendas de máquinas de escribir han desaparecido en mayor medida. No obstante, existen aún algunos talleres de reparación de máquinas de escribir. Cualquiera lo podría considerar un absoluto fantasma del pasado,  pero cuidado: Hay muchas actividades en las que se está replanteando la necesidad de tener impreso con un estilo personal en el momento el documento escrito.

Aunque los talleres de reparación de relojes se hayan reducido, son muchos millones las personas que en el mundo se niegan a mirar siempre la hora en su celular, desairando el reloj que tienen ajustado a su muñeca. Por un lado los relojes siguen siendo un accesorio popular y, aunque los  de cuarzo y los inteligentes sean de bajo costo y descartables, varios servicios de reparación de relojes se mantienen vivos en las grandes ciudades, dado que la condición de coleccionables de los relojes de cuerda los reubica en valores económicos importantes, especialmente si la máquina funciona con precisión, tal como los suizos las concibieron a lo largo del S XIX.

A propósito del paso del tiempo, una actividad muy propia de un Siglo XX sin mayores problemas de seguridad, es la de los vendedores de puerta en puerta. Ofrecían una amplia gama de productos, desde aspiradoras hasta enciclopedias. Hoy en día, ésta es una práctica esfumada en la preferencia de comprar bazares, supermercados, casas de artículos del hogar u online.

Los ascensoristas van desapareciendo en nuestras narices, día a día. A principios del siglo XX, muchísimos edificios tenían ascensores operados por humanos. La aparición de los ascensores con botonera identificadora de piso y luego los ascensores automáticos, disminuyó la necesidad de operadores de ascensores. En algunos grandes hospitales y ciertas dependencias estatales hay personal cumpliendo este rol.

Las lecherías (en muchos países llamadas «Barras de leche») fueron furor a mediados del siglo XX. Los países en los que más negocios de este rubro podían encontrarse eran Australia y la Argentina, siguiendo pautas de las ya existentes en Europa, especialmente, Austria, Francia, Suiza e Italia. Yogures, tortas de ricota, leche merengada, mantecas, cremas varias, café y chocolate con leche y otras variedades de preparados lácteos, especialmente para desayunos y meriendas, formaban parte de la carta que estos espectaculares bares podrían ofrecer. Una de las últimas lecherías porteñas la tuvo el barrio de San Cristóbal –con el logotipo de La Martona incluido en su vidriera- en la Av. Entre Ríos y Humberto Iº, por lo menos hasta 2011.

Con el uso generalizado de teléfonos móviles, era natural la desaparición de las cabinas telefónicas. Sin embargo, es un verdadero problema que los locutorios también son menos comunes de lo que solían ser. Eso de dar por sentado que todas las personas tienen un teléfono celular encima y siempre es una gran irresponsabilidad. Y nada hay más alejado de la realidad que creer semejante falsa estadística, en un país con más de la mitad de la población viviendo en una pobreza exasperante.

¿Qué pasa con los Zapateros? ¿Se supondría que la producción de zapatillas y zapatos económicos, tiró por el suelo la demanda de servicios de reparación de calzado? Los problemas económicos que enfrenta la mayoría de la población de la Argentina obliga a dar una respuesta similar a la anterior.

Paperos, carboneros, Conductores de trolebuses y tranvías, los mismísimos guardas que chequeaba los boletos en el tren, el negocio de provisión de hielo, el policía encargado de dirigir el tránsito  y  los telegrafistas son parte de un paisaje urbano.

Ahora bien: aún hay espacio comercial para los talleres de reparación de máquinas de coser: por supuesto que no hay que dejar de tomar en cuenta el avance de las máquinas baratas producidas en masa (en China. ¿Dónde, si no?) que ha llevado a una disminución en la necesidad de servicios de reparación y que dejó en pie sólo a los mejores.

En cuanto a los Puestos de venta de periódicos, existe en nuestro un problema político de una envergadura tal, que supera –por lejos- el motivo del crecimiento de todas las publicaciones online como para reducir el negocio a una mínima expresión. No se trata tanto de lo obvio (el declive de los periódicos y revistas impresos) sino una actitud de singular terquedad en un momento en que, juntos, las distribuidoras de publicaciones y los canillitas, en la Argentina, aún tenían un poder inigualable y se impusieron al plan de extender los puntos de venta de diarios y las revistas a otros locales, como kioskos comunes, drugstores y afines. El tema será tratado de manera individual y en detalle.

Aún existen algunos selectos negocios de paraguas, abrigos especiales, locales de pañuelos y corbatas, servicios de alta costura en grandes tiendas y sombrererías. Antiguamente, todos estos elementos complementos imprescindibles tanto para hombres como para mujeres. A medida que cambiaron los gustos de la moda, la demanda de sombreros, pañuelos y otros elementos de toque elegante disminuyó, lo que provocó el cierre de muchas tiendas de sombreros, paraguas, bastones, etc.

Disquerías: Se supone que la música digital y los servicios de internet para escuchar música barrieron con todo. Sin embargo, no todas las disquerías han cerrado. Si sólo quedan las especializadas, quienes consideramos alguna vez que existían demasiados negocios de venta de discos, CDs y casettes con música descartable, deberíamos estar felices.

También quedan pocas casas de Revelado Fotográfico. Pero buenas. Desde ya, antes del uso generalizado de cámaras digitales y teléfonos inteligentes, la gente llevaba sus rollos de películas con fotos a estos negocios para que los revelaran. Por otro lado, el alquiler de cabinas fotográficas, que alguna vez fueron una adición popular para eventos como bodas y fiestas, quedó como una moda parecida a la instalación de canchas de paddle y los parripollos en la década de los ‘90s.

En cuanto a los artículos de arte, muchas prestigiosas firmas combinaron su trabajo tradicional de venta presencial en sus elegantes locales con las transacciones en línea.

El caso de la desaparición de las Tiendas departamentales en Buenos Aires, termina por dejar un claro panorama de la mismísima decadencia: la imposibilidad de tener un lugar de compras con cierto estilo, donde se recibe un trato agradable por parte de expertos de verdad, seguro y confiable, elegante y sin estridencias, duele. No hay un Harrods o un Gath&Chaves que transmitan en los clientes esa inexplicable sensación de pertenencia que no pueden lograr los malls ni los shopping center de la actualidad, con sus locales individuales, por más modernos que los diseñen.

¿Dónde se conservan y con orgullo las Tiendas Departamemntales? En Nueva York (Macy´s) en París (Galeries Lafayette), en Londrtes (Harrods y Selfridges, en Madrid (El Corte Inglés), en México DF (El Palacio de Hierro y Liverpool) en Sao Paulo (Daslu), en Santiago de Chile (Ripley y Falabella). Son formatos de centro comercial que han aportado –y aún lo hacen- elementos importantes al paisaje y el sello cultural urbano de muchas grandes ciudades en el mundo. Menos en Buenos Aires, claro.

¿En qué más se destacaban estos clásicos salones? Los sastres internos en cantidad. En el pasado, muchas tiendas departamentales tenían sastres internos que podían modificar la ropa para adaptarse perfectamente a los clientes. A medida que disminuyó la demanda de ropa a la medida, algunas tiendas dejaron de ofrecer este servicio.

¿Se están retrayendo las Agencias de viajes? si bien todavía existen agencias de viajes de muy buen servicio, operatividad y altamente confiables, los sitios de reserva de viajes online han provocado una disminución en el padrón general. Pero tomando en cuenta las características de las que todavía tienen presencia en el mercado, nos encontramos con la gran premisa de siempre: ofrecer calidad no genera temores.

En cuanto a las Papelería, a pesar del auge de la comunicación digital y que tantas personas ahora usan dispositivos electrónicos para tomar notas y enviar mensajes. El arma para poder seguir vendiendo formas varias para la escritura a mano (blocks, cuadernos, liobretas, etc) es el embellecimiento de los diseños. La demanda de artículos de papelería ha disminuido pero la que ha quedado, ahora, incluye un nicho de consumidores muy exigentes en cuanto a cúan especial puede ser el producto que se comprará para utilizar en la escritura.

Será un placer para Diario 5, contar, entre los comentarios, con el aporte de los lectores que recuerden algunas actividades que no han sobrevivido o sobre las que vale la pena poner bajo la lupa para que todos la observemos, de tal modo que, mientras nos terminamos de acomodar a la vida a la que nos sometió la tecnología en pocos años, encontremos nuevas formas de desarrollar nuestras vidas, generando trabajos y actividades que desemboquen en la recuperación plena de la dignidad para toda la población.



 

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