• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 21 de febrero de 2024

En la historia Argentina existe un cuarteto de humoristas inolvidable: Aldo Camarotta, Carlos Garaycoechea, Jorge Basurto y Juan Carlos Mesa. Se trataba de los autores y protagonistas del programa “Humor Redondo”, un exitoso ciclo televisivo durante seis temporadas en canal 13, entre 1968 y 1973.

Precisamente en el último año de trabajo conjunto de esta verdadera selección de humoristas, que se manejaba con la conducción de Héctor Larrea, se cambió el nombre de la producción, para adaptarse a las implicancias de la vida Argentina en el año más politizado de la historia del país, por lo que pasó a llamarse “El Queso”.

Fue tan fuerte el uso de tal expresión para identificar al poder político, que los mismos dirigentes de entonces –Perón incluido- disimularon cómo pudieron la fuerte exposición que el programa televisivo realizaba de sus imágenes, sus gestos, sus actitudes y sus fácilmente intuíbles intenciones.

Luego, el peronismo hizo gala de su regreso tras 18 años fuera del poder y estatizó los canales de televisión. Con esta medida se barrió con el canal trece y la productora ProarTel, responsable de la realización de “El Queso”.

Es que, realmente, es una expresión que los pinta de cuerpo entero. Tanto, que en 50 años siguen sin saber disimular el brillo de sus ojos ante la posibilidad de ser elegidos por el pueblo para un cargo ejecutivo o legislativo, ni tampoco cuando están a la espera de ser nombrados ministros, secretarios, directores nacionales o cualquier puestito interesante que les de la posibilidad de vivir del estado.

En 50 años no cambiaron. Ni siquiera con lo aterrorizante que significó tener una dictadura en el medio. Es más, buena parte de los funcionarios que han pasado por diversos cargos en esta etapa de la democracia definitiva, también habían participado grácilmente del Estado, tanto durante el último, como en anteriores gobiernos de facto.

Está de más decir que en el asco de la fascinación que sienten por ese queso, han quedado incluidos miembros de las Fuerzas Armadas de altísimo rango, a través de los 200 años de historia de la Argentina. Incluso no sólo cuando ellos hacían sus acostumbrados golpes de estado. También hubo miliquitos colados en todo tipo de gobiernos, básicamente democráticos, supuestamente republicanos y fantasiosamente federales. Traducido: diablillos de fiesta en los infiernos del Dante.

No han cambiado.

Ni los unos ni los otros.

Hay pruebas.

Hay un temerario que quiere dolarizar y una indolente que, mientras se burla, aprovecha la situación para re-regodearse en el facilismo que dispara aplausos. Tanto los los liberales como los estatistas en la Argentina fracasaron, sólo por ser argentinos. Hay que pensar en serio y trabajar muy duro si tenemos ganas de remontar la decadencia.

 

 

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