• Diario 5 -Buenos Aires, lunes 27 de mayo de 2024

La grúa busca siempre ahí

PorAlejandro Lacarra

May 30, 2022

La grúa busca siempre ahí

Los sucesivos Gobiernos de la Ciudad priorizaron siempre la recaudación por parte de SEC y STO, por sobre el orden y la prevención de infracciones. La antipatía que los automovilistas y buena parte de la sociedad porteña le tienen al universo de las grúas es aprovechada por las autoridades para establecer una boca de recursos económicos inequívocamente tiránica.

El único jefe de Gobierno que no convivió durante su mandato con estas empresas fue Fernando De la Rúa, ya que STO y SEC obtuvieron sus concesiones en 2001, Sí, en cambio, tanto Aníbal Ibarra, como Jorge Telerman, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta trataron con las beneficiarias de este negocio jugoso y fácil. Quizás ninguno de ellos tenga conocimiento de las formas desagradables con la que algunos operadores de las empresas Sistema de Tránsito Ordenado (STO) y Sistema de Estacionamiento Controlado (SEC) tratan a personas y vehículos cuando se ven habilitados a realizar un acarreo.

Pero, más allá del trato, el problema de la elección de ciertas calles de las que «levantar» autos mal estacionados, amerita una observación con lupa. Por ejemplo, en la calle Carlos Calvo en el tramo Lima-Jujuy, el accionar de las patrullas es incisivo, persecutorio, facilista y arbitrario.

Ocurre que las camionetas salen a «cazar» desde su centro operativo o «Playa de Infractores», ubicado en la calle Tacuarí 1277, es decir, entre Av. San Juan y Cochabamba, en uno de los tantos predios ubicados debajo de la Autopista 25 de Mayo. En el 90% de los casos, en el recorrido, las patrullas recorre la única cuadra posible de la calle Cochabamba, ya que ésta queda cortada por el paredón lateral del fin de la Autopista 9 de julio Sur. Entonces, avanzan por la calle Bernardo de Irigoyen, donde es imposible que alguien haya estacionado ni un auto de juguete. Si los muchachos de la grúa, tienen intenciones de ir hacia su izquierda e internarse en las arterias que van hacia las zonas más pobladas de Buenos Aires deben avanzar, como mínimo hasta la calle Carlos Calvo.

Precisamente Carlos Calvo es la primera opción que ofrece la 9 de julio para doblar hacia la izquierda cuando se viene desde Constitución, es decir, desde la zona en la que las grúas inician su recorrido. Como casi siempre los muchachos vienen con instrucciones precisas de apurar el trámite, es muy difícil que los equipos de trabajo obvien la tentación de girar por la calle que ya les está dando la opción de comenzar a poner huevos en la canasta. Toman Carlos Calvo, de una.

La calle Carlos Calvo tiene bicisenda del lado izquierdo, por lo que los gruístas se sienten doblemente empoderados. No fluye piedad alguna en ellos, al elegir cualquier vehículo estacionado del lado derecho de esa calle. Por supuesto que las normativas los ponen «a derecho» a estos juguetones de la represión vial, pero -como se acaba de describir- en la mayoría de los casos, ellos no necesitan recorrer demasiado el área asignada a SEC para acarrear automotores en infracción: con sólo circular por las 15 cuadritas que van desde el 1100 al 2600 de la arteria en cuestión, tienen peces gordos de sobra, sin alejarse demasiado del playón, sin gastar demasiado combustible y ganando tiempo para ir y volver varias veces a la misma zona, que es la que les garantiza la mayor cantidad posible de vehículos a llevarse.

Nunca hay que dejar de tomar en cuenta que las empresas SEC (operativa en el área Sur de la Ciudad de Buenos Aires) y STO (ídem en el lado Norte), les rinden al GCBA la recaudación por remolcar los primeros 15 vehículos de cada día de trabajo, mientas que -a partir del autito número 16, todo es ganancia para la empresa.

Las renovaciones de las concesiones a estas compañías se vienen produciendo por prórroga, ya que sendos contratos vencieron en 2012. No hay un solo legislador de la Ciudad de Buenos Aires que alce su voz para reclamar una normalización en el proceso de contratación de las empresas que recaudan por ordenar el tránsito. Incluso nada asegura que el propio estado no podría cumplir este rol, como lo hizo durante más de un siglo, sin mayores inconvenientes.

 



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