• Diario 5 -Buenos Aires, sábado 21 de mayo de 2022

Las personas que en la Argentina se toman con mucha seriedad la situación extremadamente calamitosa que se está viviendo en Ucrania, necesitan ver y comprobar que el gobierno adopta una posición clara sobre la guerra. Muy clara.

De ninguna manera una desgracia de semejante envergadura puede ser utilizada para ninguna especulación política. Si había una opción para la Argentina de adoptar alguna actitud como nación digna en una hora tan trágica, era la de plantarse frente a sus pares en el mundo y reconocer -con todas las letras- que somos un país que desde 1983 se desmilitarizó, al comprender que, como la vida nacional ceñida al universo de la Fuerzas Armadas resultó un fracaso, hemos decidido estar siempre -y sin excepciones- afuera de toda supuesta locación que tan siquiera pueda ser sospechada de dar apoyo a una guerra, a un país agresor o a un líder que propicie acciones bélicas entre dos pueblos.

No es que estemos perdiendo una nueva oportunidad como las de siempre, en las que los dirigentes nacionales se encargaron de alimentar la vergonzosa -y, hasta asquerosa, si se quiere- fama de no ser gente cumplidora. Se trata de una gesta posible que nadie alcanza a vislumbrar. Desde 1930 a la fecha, el 95% de los funcionarios de los tres poderes de la Nación y de los 24 distritos, más el 100% de los uniformados -sin excepción alguna- que se erigieron en administradores con plan dictatorial, pusieron su grano negro de arena, hasta dejar la arena negra.

El país desecha lo que se podría haber esperado a modo de milagro. Condenar con máxima energía el ataque ruso a Ucrania nos habría devuelto algo de honorabilidad, especialmente si la condena era presentada de manera independiente y soberana (dos palabras de las que la Argentina ya no es dueña).

Alberto Fernández, casi sin poder y gran especulador, no se anima a posicionarse como los que lo conocen entienden que le gustaría. Y Cristina Fernández, de poder hoy casi desconocido y categoría premium en la especulación política- oscila entre famosas frases, tanto del Che Guevara («Hasta la Victoria, Siempre») como de José «Pepitito» Marrone («A éste, lo rajo»).

Hicimos referencia a la paulatina y rítmica desarticulación militar de los últimos 38 años, porque, desde fuera del gobierno, también hay insensatos e inmaduros que pretenden que nuestro país se haga el gallito en los foros internacionales, mezclando el concepto de nuestra histórica defensa de la Islas Malvinas con la guerra que ocupa la atención del mundo desde hace cinco días.

Con todo, recién ayer, el canciller Santiago Cafiero asumió que la palabra básica, debía pronunciarse: Invasión.

Les cuesta horrores.

Todo es difícil, para toda esta gente. Hasta crear para renovar su comunicación. Volvió el «poner a la Argentina de pie», vacío eslogan con el que el gobierno se empantanó a sólo cinco meses de asumir, cuando comenzó a mentir en casi todo lo concerniente a la pandemia para perder toda credibilidad con el vacunatorio vip.

Credibilidad. Esa era la meta. Ya que dentro del país la reivindicación de imagen del gobierno es imposible, el actuar diplomáticamente con buen criterio pudo haber arrojado como resultado -aunque sea- en el mundo, algún puntito en pos de la ciclópea tarea de recuperar credibilidad para la Argentina.

Por más que Anxo Pérez, el exitoso escritor de mensajes de autoestímulo, haya inundado el mundo hispanoparlante con la poética frase «No permitas que un sólo grano de arena negra te haga creer que la playa no es blanca», hay una doble realidad:

1. El grano negro nunca es uno solo
2. Hay gente a la que, si le conviene pintar de negro los granos de arena, los pinta.

El problema del negacionismo generalizado y la soberbia de los poderosos sobre los pueblos ignorantes es que teniendo la arena negra, nos siguen diciendo que es blanca.

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

 

 

 

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

La arena negra

 

 

 

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

La arena negra

URUGUAY

La arena negra

La arena negra

BRASIL
La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

 

 

La arena negra

PARAGUAY
La arena negra

La arena negra

 

 

La arena negra

 

CHILE
La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

La arena negra

COLOMBIA
La arena negra

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

PERU
La arena negra

La arena negra

La arena negra

 

La arena negra

 

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