• Diario 5 -Buenos Aires, miércoles 22 de septiembre de 2021

Quino: Amor al Creador

Pordiario5

Sep 30, 2020

La pérdida física de Joaquín Lavado, el inolvidable quino conforma un significativo cambio de era en el mundo del arte humorístico gráfico. Quino fue la bisagra que consagró la condición de creador por encima de la mera técnica del dibujo condimentada con algún toque humorístico o literario.

Por supuesto que la amalgama de ambas cosas valía la pena que se expresarán, más tomando en cuenta que -en la mayoría de los casos-era fácil encontrar la reunión de los dos talentos en una misma persona.
Hasta aquí todo parece sencillo: un artista con buenas ideas, lindas Formitas para dibujar, personajitos simpáticos, cierta lucidez para combinar la realidad política y social con la historia misma contada en la tira y cierta tendencia a conocer el lenguaje de los más jóvenes en el momento adecuado, dejan como resultado una suerte de éxito asegurado para una historieta.

Pero la realidad indica que sólo unos pocos, poquísimos artistas gráficos alcanzan la talla monumental de Joaquín.
Para algunos accionistas muy experimentados, lo más maravilloso que les puede suceder en la vida es lograr que personajes de su creación se introduzcan en el corazón del público al que se dirigen. Se trata de una de las quimeras casi imposibles a la que se someten permanentemente los dibujantes de comics o géneros afines en el mundo entero. Y el planteo es real: a todos, alguna vez se les pasó por la cabeza crear historias con personajes que consigan calar tan hondo como Mafalda y sus amigos. Quizás, en el futuro, deje de ser imposible. Por ahora, lo es.

La primera entrevista que tuve con Quino fue en 1980, cuando integré la producción del audiovisual que inauguró el Primer Festival del Humor y la Historieta en Morón. Allí, Quino demostró una predisposición extraordinaria a colaborar con un trabajao que lo incluía entre los históricos dibujantes e historietistas del país, en los que se incluían nombres como Héctor Oesterheld, Alberto y Enrique Breccia, Dante Quinterno, García Ferré, Lino Palacio. Especial énfasis puso el creador de Mafalda en cambiar el rol y preguntarnos a los jóvenes periodistas cómo se encontraba Elsa, la esposa de Héctor Germán Oesterheld. No estuve en el equipo que entrevistó a Elsa Sánchez para el documental. Por entonces, se sospechaba de todo ante la ausencia del famoso creador del eternauta. Sólo los asesinos de Héctor y sus cobardes jefes sabían que ella ya era viuda, pero los ciudadanos de a pie, aún no. Quino escuchó con gran sensibilidad todo lo que le transmitimos de nuestras entrevistas a Francisco Solano López, el dibujante de El Eternauta, a los Breccia, a Juan Sasturain, a Lino Palacio (de posterior horrible final, junto a su esposa) y a otros dibujantes con los que él no solía tener contacto. Distinto era el caso de Hermenegildo Sábat, Horacio Altuna, Aldo Rivero, Crist, Caloi y Alberto Bróccoli, con quienes se veía en el área de dibujantes de la antigua redacción del diario Clarín. Joaquín sabía que no iba a poder estar presente en el festival, porque viajaba a Europa para esa fecha.

A pesar de ser muy reservado, se vinculaba jovialmente con sus colegas y a muchos les manifestaba su admiración, como fue el caso de Eduardo Meléndez, quien dibujaba para el diario La Nación, en un estilo que tenía puntos en común con el estilo de Quino en dibujos humorísticos de «piezas únicas». A Joaquín le gustaba el trabajo de Carlos Nine y se divertía con las caricaturas del talentoso Sócrates, en La Nación.

Ya en el cierre de la década y abriendo la siguiente, todos los miembros del staff de Radio y Revista Clásica tuvimos el honor de contar con sus maravillosas ideas humorísticas llevadas inteligentísimamente al papel y basadas en situaciones de la vida orquestal o de instrumentistas de la música académica.

Los personajes creados por Quino son amados porque realmente son amables, incluso aquellos que se llevan la peor parte de la torta de nuestra simpatía como público.

Y en ese amor a las creaciones, se incluye el amor al creador.

Te amaremos siempre, Joaquín, porque sos parte de una Argentina deseada, de un país cuya cultura global se basa en las culturas de base, como la del trabajo, la del respeto, tanto por el el que sabe cómo se hacen las cosas, como por el que las hace. Quino, con tanto humor inteligente, nos enseñó que la cultura de base a la que no debemos quitar los ojos de encima es la de «hacer» pensando en los otros para luego pasar a pensar cómo podemos hacer (cosas), tanto los otros como nosotros, sin entorpecernos, sin chocarnos y sin pelearnos.

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