El primer ferrocarril en 1857, por Pastor Obligado

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La foto fue tomada desde lo que hoy es Plaza Lavalle y en el lugar de la estación que se observa, hoy se erige el Teatro Colón de Buenos Aires.

Por cualquier vía, con cualquier excusa, ante cualquier oportunidad para mencionarlo, siempre es más que bueno recordar que si aspiramos a retomar el derrotero hacia algún desarrollo, es necesaria la recuperación de las redes ferroviarias argentinas. A cualquier precio.

La crónica que vamos a reflejar es sincrónica y coetánea entre hecho y autor. El actual pasaje Enrique Santos Discépolo (alguna vez, pasaje Rauch) es y será (salvo cambios urbanos que de drásticos pasen a ser criminales) la prueba viviente de la etapa inicial de ferrocarril Oeste (el Sarmiento) de su tiempo original en el que salía de donde hoy está el Colón.  Pastor Obligado lo cuenta escueta pero bellamente.

De aquella inolvidable época en que la Plaza del Parque, con su mala banda de música y árboles sin sombra, hacía competencia a la del Retiro, lugar de cita de las más elegantes domingueras, apenas se conserva la fachada del cuartel, pero sin el coronel Martínez en su balconcito. Donde se alza el palacio Miró, un amplio y selvático jardín del mal servido restaurante, competía con el vecino café del Parque, contiguo a la botica del mismo nombre, en cuyas glorietas no cabían tres personas.

Por la soledad y tinieblas de esta plaza, plagada de viznaga antes de la llegada del tren, pocos eran los que se atrevían a cruzarla a medianoche, temiendo encontrarse con la viuda del Parque. Del propio solar (antiguo basurero), donde se levanta hoy el monumental teatro Colón, salió la primera locomotora que vino a modificar costumbres y paisajes. En lo relativo a éstos, recordaremos solamente que, donde se yergue la estatua del general Lavalle, se instaló el banco de las camelias, y en él, al caer la tarde, viejos patriotas se congregaban a suspirar por las cosas pasadas, recordando que siempre el tiempo pasado fue mejor.

Alvaro Abós, en su obra recopilatoria «El libro de Buenos Aires», nos hace saber que Pastor Servando Obligado (1841-1924) fue político, abogado que sus únicas históricas se publicaron en Revista de Derecho, Historia y Letras, en Atiánt1da y en Caras y Caretas. Comenzó a compilar esas páginas en 1888, titulándolas «Tradiciones argentinas». El último de los diez tomos apareció en 1920.

Atención a la crónica que refiere a la Recuperación de la Historia Ferroviaria, ya que a los porteños les cabe una responsabilidad muy alta en lo institucional y el vínculo social que el tren promueve.

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